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CUERPO, IMAGEN Y LENGUAJE: Sus anudamientos
Boletín #28

"Cuerpo, imagen y lenguaje: sus anudamientos por la vía del sinthome"

Marcus André Vieira
Sesión del 19 de marzo de 2016

LO QUE SE ESCRIBE, LO QUE CESA Y LO QUE SE SATISFACE AL FINAL DE UN ANALISIS
Heidi Gehler – Gabriela Urriolagoitia

"Lo posible es lo que cesa, coma, de escribirse. O, más bien, que cesaría si llegara a escribirse, en caso de que adviniera el discurso que mencioné, un discurso tal que no sería del semblante"[1]

Esta cita de Lacan hace referencia a lo que un análisis permite escribir, de advenir hasta un final. A partir de ella, surgen más bien preguntas que conclusiones. Preguntas sobre lo que se escribe, lo que cesa y lo que se satisface en un final de análisis. Y si bien cada una, como categoría conceptual, abre por si misma toda una investigación, por otro lado los testimonios del pase nos regalan su articulación a nivel de la experiencia singular de aquel que devino un analista.

Una posibilidad de entender esta cita, es relacionarla al uso lógico que Lacan propone, que el discurso analítico, debe hacer del sinthome: es decir, reconocer su naturaleza y usarlo hasta alcanzar su real. Este "alcanzar su real" ¿es lo que se escribe en un final?. Miller dice que en el camino de lo real, el Uno, residuo de la desconexión (S1 // S2), es el recurso que permite acceder a lo real y es a su vez, la última estación antes de lo real[2], porque a lo real no puede accederse como tal. Entonces de llegar a esa última estación en un análisis, de escribirse ese Uno, algo cesa. Nuestra hipótesis es que lo posible permite que lo necesario devenga contingente: cesa la incomodidad sufriente del síntoma, apaga su sed, para dar lugar a otra satisfacción. Cesa la necesariedad estragante del amor, de modo que sea posible vivir con su contingencia. Y finalmente, un analista, producto de un final, sería aquel que puede estar abierto a la contingencia y saber hacer con ella en su práctica.

Y ¿de qué nueva satisfacción se trata? Lacan nos dice en su último escrito de 1977 que la satisfacción marca el fin del análisis[3] . El síntoma que en el principio generaba incomodidad y dolor al sujeto, se transforma y le brinda ahora satisfacción. Lo que se puede esperar de un análisis es que el sujeto llegue a saber arreglárselas con su síntoma y a obtener satisfacción de él, esa satisfacción que "lo habitaba y animaba desde siempre" dice Miller[4].

Entendemos este giro que da Lacan respecto a las versiones del fin de análisis, relacionándolo con lo que sostiene en 1975[5] . Allí juega con la homofonía y condensación entre l'élangues, lalangue y élan, designando la elación que está al comienzo "de no sé qué sinthome", que nos remite al inicio de la vida, al hálito de vida que habita al sujeto en el origen. Podemos decir que la satisfacción que se obtiene, si se lo logra, al final de un análisis, tiene que ver con ese hálito de vida que está en el principio y anima la vida misma. Satisfacción, que por otro lado es contingente y que como tal, no es eterna, dura lo que dura.

De este modo también podemos ubicar el desplazamiento que hace Lacan de la primacía significante, al problema de la causa, de eso que ya no se descifra ni se llena de sentido.

NOTAS

  1. Lacan, Jacques, Seminario Libro 23 "El Sinthome", Ed. Paidós, 2006, pg. 14
  2. Miller, Jacques Alain, "El Ultimísimo Lacan", Ed. Paidós, 2012, pg. 154
  3. Lacan, Jacques, Otros Escritos, Ed. Paidós, 2012, pg.600
  4. Miller, Jacques Alain, "El Ultimísimo Lacan", Ed. Paidós, 2012, pg. 100.
  5. Lacan, Jacques, Seminario Libro 23 "El Sinthome", Ed. Paidós, 2006, pg. 12