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Lo borromeo en la práctica

Por José Fernando Velásquez

"¿Para qué hacemos lo que hacemos? ¿De qué sirve esta oscura compulsión, la de sumergirnos en los destinos íntimos de hombres y mujeres hechos de palabras, la de entregarnos de manera voluntaria, durante horas y horas, a estos artificios? … Porque no nos queda más remedio; lo seguiremos haciendo aunque fracasemos".[1]

 

1. Las bases de una nueva práctica.

El primer contacto con esta parte de la obra de Lacan fue cuando preparaba mi tesis de especialización sobre el autismo, en la lectura del seminario XXII. Llevaba adelante la cura de un niño autista que acompañé desde sus 4 años hasta los 18. El trabajo con este chico me sorprendió pero no entendía que pasaba, aunque ya llevaba un buen tiempo familiarizado con la obra de Freud y del primer Lacan. Luego del seminario XXII, me interesé por los antecedentes de este concepto de lo borromeo, que figuran en el Seminario XX y en la Tercera. En adelante, lo que encontraba en la práctica se localizaba, podía "verlo" en el nudo: La sorpresa equivalió a la de Lacan: El nudo habla, habla lo que es el psicoanálisis. Lo que quiero transmitir es el entusiasmo investigativo que se abre a partir de la clínica borromea.

La práctica clínica tiene implicaciones en lo teórico y lo político. Son una banda de moebius. Hay en el Lacan bajo la función de analista practicante, más que en la de enseñante, un empuje a salir del sistema de la significación para dar cuenta de los efectos de goce. Eso lo llamaré, un empuje por "lo real analítico".

A esa investigación se consagró Lacan en su última enseñanza. Delimitó como campo de estudio en un ser de goce que habla, las zonas donde la estructura psíquica no tiene el soporte del Nombre del Padre. Lacan se inventó una manera de explorar lo humano del goce, que respetando sus contradicciones, las convoca, las aprehende y luego es que elabora sobre ellas. Toda su enseñanza ha constituido, el intento de hallar un soporte real para lo que llamó "psicopatología psicoanalítica" (en "Función y campo de la palabra y el lenguaje", y para el concepto de estructura, al que Lacan no renunció, ni siquiera cuando se alejaba del estructuralismo. En su Seminario El Sinthome, nos confiesa que "El deseo de conocer encuentra obstáculos. Para encarar este obstáculo inventé el nudo. Hay que acostumbrarse al nudo. Quiero decir que sólo el nudo es el sostén concebible entre cualquier cosa y cualquier cosa. Si bien el nudo es por un lado abstracto, debe ser pensado y concebido como concreto"[2].

"Concreto" quiere decir, delimitado, fijado y remite a un materialismo. De qué hablamos cuando hablamos de materialismo de lo humano, no del cerebro o del neurotransmisor, sino lo que son y constituyen las partículas de goce. Las partículas de goce constituyen tres dimensiones o moradas del ser diciente: Imaginario, Simbólico y Real; es materialista una política de equivalencia entre ellas: ninguna es superior a la otra, o más válida o más legítima. También es un materialismo práctico: "Si llegaran verdaderamente a leer lo que hay en este aplanamiento del nudo borromeo, sería colocarles en las manos algo que puede ser para ustedes tan útil como la simple distinción de lo real, lo simbólico y lo imaginario"[3]. La enseñanza de Lacan estuvo siempre impregnada de una exigencia clínica: nunca le bastó con el hecho de que el psicoanálisis sea eficaz; esa eficacia, además, debe ser elucidada, de ella hay que dar razones, y el nudo le sirve a ello.

Los resultados de esta investigación aparecieron en textos como "la Conferencia de Ginebra sobre el síntoma", "la Alocución sobre las psicosis del niño", "La tercera", los Seminarios XX y siguientes hasta "El momento de concluir", en "El atolondradicho" y en particular en "Televisión". Desde los Seminario XIX y XX, Lacan propone que la estructura se define como el texto del goce del Uno, la textura del goce del Uno. Va decir en el seminario XXII que lo que conocemos como estructura se arma de manera borromeica[4].

Todo cambió a partir de que para el psicoanálisis "lacaniano", desde el seminario "Aun", hay "otra presencia"[5] diferente a la de "el falo". El falo es el polo significante de la constitución subjetiva, y esa "otra presencia" es el polo real de la estructura, la presencia "del sexo como tal….entiéndase en el sentido en que el ser hablante lo presenta como femenino"[6]. Lo femenino aparece como impasse. En "la Conferencia de Ginebra sobre el síntoma", Lacan lee el caso Juanito desde esta presencia y sus efectos en el ser hablante. Concluye que el discurso, los síntomas, la inhibición y la angustia aparecen como defensa contra lo femenino. O más bien, lo femenino agujerea la consistencia simbólica que Freud y el Padre tratan de sostener. Lo femenino como éxtimo, lo que no puede ser nombrado. Lo femenino puede ser tramitado en parte por el falo, pero no todo.

A partir de acá Lacan lo cambió todo y nos dejó a todos sumidos en la perplejidad, al menos inicialmente.Ahora con la ayuda de J-A. Miller y otros hemos podido acercarnos a esa buena nueva que nos despejó Lacan: una nueva manera de operar bajo transferencia desde unas nuevas concepciones de la estructura y por consiguiente, del acto analítico. Esto dio lugar a un producto: una nueva clínica, como la que Lacan inició con "Joyce, El sinthome". Por ejemplo: la noción "desabonado del inconsciente" surge de allí, ubicándola en aquél que asume sus goces de forma paradigmática por fuera del Edipo y la universalización. Cada parlêtre es de alguna manera desabonado del Otro, auténtico, singular, irrepetible como una obra de arte.

A partir de los desarrollos conceptuales de los seminarios XVI en adelante, lo Real surge como una dimensión en que también habita el ser hablante. La consistencia de esa dimensión reformulada, es la del No-Todo. Ese No-Todo es para cada uno, no es universal. Lacan ahonda en esta dimensión nueva para el psicoanálisis, a partir de localizar aquello que hace excepción en la estructura, aquello que equivoca el discurso. Lo real, lo inaccesible al sentido, lo imposible es constitutivo de la estructura, bien sea que la pensemos en términos lógicos, porque aparece como discontinuidad en el matema del discurso, o como agujero en términos topológicos en la figura topológica del toro.

La generalización de la forclusión del significante que nombra el goce femenino, el No-Todo, y la consistencia de la dimensión de lo Real, condujeron a Lacan a varios axiomas concluyentes:

1. No hay relación sexual. El goce del Uno es autista, es loco.

2. "Todo el mundo es loco", porque no existe la realidad, en el sentido universal del concepto. El concepto de realidad psíquica es un agujero al mundo de la universalidad. "Todo el mundo es loco" en la medida en que todos estamos viviendo nuestra existencia a partir de ese goce loco que hace agujero en el sentido, en lo intersubjetivo y en la ley.

3. La realidad psíquica es siempre sintomática, conflictiva, mal-dicha, respecto a las instancias del Otro universal como el de la Ciencia.

4. A una redefinición de lo humano: Es humano que los seres hablantes perciben la necesidad de hacerse a una consistencia subjetiva, a un Hay de lo Uno, que posibilite sus goces y que pueda inscribirlos en un discurso y en un lazo con el Otro.

5. La juntura más íntima en el sentimiento de la vida, la condición de consistencia como Uno del goce, se organiza a la manera de un anudamiento de dimensiones, alrededor de un vacío. La sustancia gozante se aglutina alrededor de un vacío, contorneado por los bordes de las tres dimensiones; se dibuja o escribe así, una letra que permite señalar el borde del agujero de goce. El litoral establece no una separación entre exterior-interior sino una línea heterogénea del lado de la existencia de goce y cada una de tres dimensiones: 1. Fantasearse fálicamente taponado con el objeto de deseo, 2. Experimentarse y darse un sentido a la forma gozosa con el objeto de la pulsión parcial y 3. Anclarse, mantenerse amarrado frente a lo ex – sistente, frente a lo femenino, en un referente sintomático relativo al cuerpo.

6. Con ese anudamiento consistente de goces, el ser hablante opera desde sí mismo y no desde el Otro. Esta juntura podemos matematizarla de acuerdo a la geometría topológica; para ella un punto se localiza a partir de sus bordes, hay mínimo tres bordes, se requiere tres bordes para localizar un punto. En esa juntura íntima se da la condición de existencia, en la forma como las tres dimensiones que bordean ese agujero central. La estructura a partir de ahora no puede contar con el dos, propio de lo simbólico, sino del tres por las tres dimensiones posibles para el psiquismo: R,S,I. No basta con el sentido, con la cadena significante, con la lógica del deseo para dar cuenta de piezas estructurales fundamentales para el síntoma. Tres dimensiones son las que el ser hablante de goce habita. Esas tres dimensiones tienen una forma de anudamiento, de hacer consistencia, de hacer de ellas un Uno de goce.

 

2. La experiencia de lo Real.

La experiencia psicoanalítica es de ahora en adelante la experiencia acerca de la existencia en lo real. ¿Cómo palpar ese real, que no dice pero se manifiesta? No será por el sentido o por la lógica. "Hay relación de ser que no puede saberse. Aquella cuya estructura indago en mi enseñanza, en tanto que ese saber —acabo de decirlo—imposible está, por ello, en entredicho (interdit). Aquí juego con el equívoco: este saber imposible está censurado, prohibido, pero no lo está si escriben adecuadamente el entre-dicho, está dicho entre palabras, entre líneas. Se trata de denunciar a qué género de real nos da acceso"[7].

Acercarse a lo real es una posibilidad del psicoanálisis, en la medida en que sabe que en un momento constitutivo del anudamiento como Uno de goce, lo Real hace su inmersión en el lenguaje, o mejor, el lenguaje se anuda traumáticamente a lo Real. El troumatisme – trou: agujero, apunta no a un significante pegado a lo real del cuerpo, sino que se produce como una articulación con la que se responde a la ausencia del significante que se necesitaba; por ejemplo, frente a lo femenino. El traumatismo[8] produce un condensado de goce, opaco a la lógica, y al mismo inconsciente, y además desregulado, tanto que necesita alguna forma de tratamiento, para no quedar a la deriva. La existencia transcurre enfrentando lo Real, en un troumatisme reeditado en cada vez que el ser hablante de goce se topa con la ausencia de un significante. No hay significante que atrape completamente el goce como tal, el goce femenino y lo lleve a la categoría universal. No hay referencia univoca al lenguaje, siempre está implicado el mal-decir y un mal-entender. Todo indica que lo simbólico se agujerea y adopta su consistencia. El sujeto se hace a un síntoma que nombra la condición esquizofrénica del ser (ejemplos: "Empaquetador" en respuesta al vacío de la bolsa testicular; o "calzador sin medida". Con cada uno de estos síntomas el sujeto correspondiente se inventó una propia realidad psíquica.

Lo Real también exige al ser de goce inscribir ese No-Todo, en su juntura a lo intersubjetivo, al otro imaginario, al cuerpo mismo como otro, o al par, al semejante, bajo la forma de la castración. Así frente a la imposibilidad de tener al otro en condición de objeto, aparecen los mecanismos de constitución del deseo con su cara de castración y, su revés, la estructuración del fantasma. Lo imaginario se agujerea y adopta consistencia.

Lo que Lacan capta es que en el encuentro o choque entre las dimensiones del ser hablante Real, Imaginario y Simbólico, se escriben trazos de goce que pasan a inscribirse como un destino. Se constituyen en trazos llamadas por Miller, "preidentitarios".[9] La sustancia gozante se precipita en ciertos sonidos de la lengua sin gramática, (Lalengua); en identificaciones, semblantes e imágenes que reinan sobre el ser; donde los orificios del cuerpo toman toda su relevancia. A la interacción de dos dimensiones, se le puede sumar una tercera, cuando esa tercera cumple la función de nominación, como nos lo indica en el seminario XX. Así por la interacción de dimensiones es que se constituyen los precipitados de goce, y las piezas sueltas del inconsciente Real.

Los precipitados de goce son en "Lituratierra"[10] lo que cae como lluvia y se deposita como escritura de goce en la estepa, como creaciones del ser. Ellas pueden ser imaginarias, simbólicas o reales. El nudo es una manera de pensar cómo se relacionan las dimensiones en las que habita el ser hablante, con sus marcas, con sus precipitados de sustancia gozante, sin estar sometidos a la idea de un desarrollo.

 

3. Las piezas sueltas: creación e invención, fuera y dentro de la escena transferencial.

Lacan exploró en su práctica las formas cómo ese Uno solo se escribe o se hace consistente en la sustancia gozante. Y llegó a esas unidades identitarias, a subrayarlas, a hacer eco de esa escritura. Traigo a colación la interpretación de Lacan a Suzanne Hommel: como Gestapo a "Gest à peau". Cuando ella habla de un fenómeno corporal: siempre despierta a las 5 am hora en la Gestapo iba a las casas de los judíos, Lacan se levanta como una flecha de su sillón y le hace una caricia extremadamente tierna sobre la mejilla. GESTE A PEAU. Un gesto tierno que sorprende y que hace algo en el ser de goce. Primero, lo sorprende, y segundo, escribe un nuevo trazo de goce, dice Susana: "ese gesto lo tengo aún sobre la mejilla"[11].

Cuando digo que la práctica cambia, es porque además del sentido, habrá que explorar y tener en cuenta en la cura, otros elementos clínicos que están caracterizados por la iteración, como:

  • La escritura de los acontecimientos de cuerpo;
  • Aquello que remite a lo pulsional suelto y sin sentido;
  • A lo femenino y lo que hace excepción al falo;
  • Cómo se responde al goce del Otro.
  • Los significantes que soportan la estructura sin remitir a ningún otro;
  • Lo narciso más allá de lo fantasmático,

Todos estos elementos los llamaremos índices o"piezas de goce" que referencian bien sea una sola de las 3 dimensiones, o al abrochamiento de dos de ellas, e incluso, de las tres.

La consistencia del Hay de lo Uno se apoya en unas piezas sueltas o precipitados de goce que sirven de abrochamientos; Nominaciones es el término que utilizó Lacan al final del seminario XXII. (Una nominación Real, anuda las dimensiones Imaginaria y Simbólica, una nominación Imaginaria, anuda las dimensiones Real y Simbólica, Una nominación simbólica anuda las dimensiones Real e Imaginaria).

Cada pieza suelta será "índices metonímico respecto del elemento traumático que anuda donde algo no hay". El hablante ser de goce hace uso de la creación como efecto del traumatismo: Se produce una fijación de goce en un contexto dado, así se crea una pieza de goce Ex nihilo, "de la nada" o "desde la nada". Por ejemplo: la identificación con el objeto a: "ojos rasgados" testimonió Florencia Dassen –esa pieza es lo que es y ella determina un goce, y además determina una realidad psíquica. Como vimos en el ejemplo de Susana Hommel, también puede ser creada en la escena analítica, como "ese gesto lo tengo aún sobre la mejilla". El analista equivoca o malentiende un S1 que imperaba, y a la vez escribe el goce bajo otra forma.

No basta con la creación para que haya anudamiento; se requiere de un elemento adicional para lograr algo próximo a la juntura íntima del Uno. El sujeto mismo "está condicionado a devenir inventor"[12] de un Otro singular, su S(A tachado), deberá encontrar la función de órgano- lenguaje[13], deberá descubrir la función del semblante, y construir una realidad psíquica con las piezas que ya ha creado[14].

La invención es el saber-hacer un efecto de utilidad respecto del goce con eso que se crea. La invención se hace a partir de materiales, con condensaciones, fijezas de goce ya existentes. Invento en su origen latino, inventio significa descubrimiento de una nueva función a algo. Inventar es algo que se produce cuando el parlêtre sale a descubrir lo humano de los goces, con ese material que ya hay: el doble encarnado en un par, en el caso relatado por Katan. Un joven esquizofrénico encerrado en los video juegos dice: "las jóvenes de hoy en día no son confiables"), ese es un exceso de sentido, una certeza. Para otra paciente un diagnóstico médico de fibromialgia entra como un significante nuevo en el cual logra una estabilidad. Otro joven esquizo, adopta el semblante EMO, o el sujeto del texto "Un caso no tan raro", quién hace un semblante de cortesía exagerado sobre una base de carecer completamente de vínculo social.

Estamos muy acostumbrados a estudiar estas piezas sueltas en los psicóticos, pero los testimonios de Pase de sujetos neuróticos nos son bien propicios para esta lectura: Silvia Salman nos testimonia de como inventó un complejo materno, su neurosis infantil, que anudaba el objeto oral, bajo la forma de anorexia y la demanda al Otro, bajo el desamparo ante la locura del goce materno. La mirada del padre en un acto de creación, la nomina y crea una pieza de goce: "Mi dibujo animado". Un S1 que a partir de allí animará al sujeto y alrededor del cual se dará vida, un poco de vida.

Se hacen invenciones locas, sensatas, reactivas, constantes, rígidas, y otras maleables, etc., cuando el ser de goce va en dirección a lo humano, a lo social, bajo el amparo de ciertas nominaciones que establecen una singular dinámica funcional del aparato de goce.

 

4. Revolución lacaniana (borromea) del acto analítico.

La demanda de un parlêtre al analista toma la forma de síntoma, de inhibición, o de angustia. Ellas son en sí mismas, creaciones e invenciones psíquicas que intentan mantener la homeostasis del Uno. Freud se adentró en ellas y nos mostró la complejidad de la subjetividad, con sus contradicciones, ambigüedades y actuaciones, que no estuvieron sino al alcance de quien estuvo dispuesto a descifrarlas escuchando con neutralidad calculada lo que la histérica manifestaba con su verdad singular, distinta a las propias del consenso universal.

La relación que Lacan nos pide establecer con el parlêtre, trae consigo una revolución en el acto analítico, no solo escucha, no comprender, no quedar atrapado en el sentido. Los descubrimientos lacanianos minaron la jerarquía de lo simbólico, del inconsciente estructurado como un lenguaje y del Padre. Detrás de cada una de estas envolturas inhibición, síntoma y angustia, Lacan reveló anudamientos consistentes de goce, piezas de goce refractarias, reales, iterativas, que dan la fuerza y consistencia al síntoma, al semblante, y a la verdad con los que cada estructura psíquica enfrenta las derivas del goce.

Todo esto pasa por una transformación apenas perceptible en lo que llamamos el acto analítico. El analista puede aislar, sorprender, tocar, conmover, o incluso, como en el caso de Susana Hommer, crear anudamientos o troumatismos. Sorprender el núcleo traumático es posible porque el analista está tan adentro como afuera del parlêtre; simultáneamente, capturado y repelido por el aparato de goce del analizado. El caso de Silvia Salman[15] nos da otro ejemplo, la captura de una nominación como "dibujo animado", funciona durante un tiempo del análisis, localiza el anudamiento de varios elementos: la mirada del padre, lo vivo en lo animado, y el cuerpo que se escabulle en un dibujo. El analista le da el lugar preponderante a ese "dibujo animado". Se trata de un acto orientado a uno de los bordes creados por el ser de goce ante el agujero. Bordes creados con el narcisismo, con lo femenino y con lo singular.

La escena transferencial es un espacio en el que el acto usa y manipula lo ya creado, porque es allí donde se actualizan las formas de lazo fundamentales del parlêtre con su partenaire-síntoma. Sigo con Silvia Salman, "mirada que agarra". Es una pieza suelta de goce real, que fue tocado por otro acto analítico, el muy conocido: "Ud me provoca eso" donde el analista se levanta y la agarrara en acto. Es un acto donde la mirada no deja fugar al cuerpo de carne y hueso. La fórmula de goce que es el fantasma: "hacerme agarrar por el Otro para huir" queda revelada y además expuesta a un terremoto. El parlêtre queda confrontado a consentir a inventar y descubrir nuevas versiones de goce.

En el último sueño del análisis de Silvia Salman se devela otra pieza de goce, creación que había hecho el parlêtre en la transferencia anterior. El sueño es una imagen: "la espalda de un hombre, el analista, en la que se destaca el color camel del saco". La mirada ahora no agarra; el color camel identificaba particularmente la mirada especial del anterior analista, en una ocasión en la que ella llevaba un pullover de ese color. Ella había anudado sin saber, la mirada del hombre, el cuerpo de mujer, en una imagen nominada por el color.

 

5. Concluyo con algunos puntos:

Concebir la estructura psíquica como nudo borromeo tiene amplias implicaciones en la clínica.

1. Nos ubica frente un parlêtre, es decir, un cuerpo de goce que habla y quien se apoya en piezas o precipitados de goce que anudan las tres dimensiones en las que existe, y con ellas traza su destino.

2. El inconsciente que está aquí en juego es el inconsciente real y no el inconsciente transferencial. Es un inconsciente exterior al sujeto supuesto saber, "exterior a la máquina significante que produce sentido"[16]. La invención de Lacan vino a iluminar este espacio de lo psíquico, que es irracional, ilógico, contradictorio y oscuro, al que no se puede explorar solo con la maquinaria significante.

3. El intento de anudamiento de las 3 dimensiones del ser, S,I,R, es una respuesta vital: consistir como Uno y encontrar un límite a la deriva de goce. Esto comienza desde temprano, observen al nieto de Freud cuando el Otro se fue, él se afana, se hace a una invención, el carretel que soporta el Fort-da, para modelar la angustia de La cosa[17]. Las piezas del goce del Uno adoptan ciertas formas para crear algo de unidad, donde antes no hay. Se crea "eso unario" cuando se sale a buscar lo humano en los otros y con el Otro.

4. Esta concepción del aparato psíquico, tiene implicaciones sobre el acto analítico: impulsa a establecer una pragmática, caso por caso, sobre el abrochamiento de las consistencias R,S,I. El acto analítico apoyado en la topología, evita el metalenguaje; se trata de acto de manipulación, de pescar y sorprender lo "troumatico", más que una producción de sentido o una elucubración de saber[18]; es un acto que opera con semblantes referidos a las piezas o unidades identitarias que hacen de borde al agujero de la estructura borromea..

5. Se acabó el facilismo de pensar la estructura psíquica neurótica como modelo para el Hay de lo Uno. No hay estructuras deficitarias. Hay formas de crear anudamientos de las piezas de goce bajo nominaciones con valor de uso que son independientes del sentido y de los ideales, «por fuera de lo común»; formas de anudamientos válidos y que no tocan el saber significante.

6. La escritura nodal adiciona de rigor y precisión a la formalización de la experiencia analítica en el control, en la práctica, y en el análisis. El nudo entrega una precisión clínica sobre aquello que no podría haberse aprehendido de otro modo, lo que se escribe rigurosamente en los cruces de los eslabones de las dimensiones de lo simbólico, lo imaginario, lo real…: el distingo de la pequeña diferencia, la captación del detalle sutil, etc.

7. He ahí el aprendizaje que puede obtenerse de cualquier cura, si el analista se inmoviliza menos en el sentido y trabaja más el acto que vuelve operativo el goce del síntoma y usa las piezas sueltas en los anudamientos que producen. Encontrar una buena manera de usar esas partículas de goce para introducirlo en las matrices del Otro de la civilización.

NOTAS

  1. Vásquez, Juan Gabriel. "Viajes con un mapa en blanco". Bogotá, Alfaguara, 2018. Pág. 15
  2. Lacan, J. El Seminario, Libro 23, El Sinthome. Paidós, Buenos Aires. Pág. 38.
  3. Lacan, J. "La tercera".
  4. Miller, J. A. "Cosas de finura en psicoanálisis". Clase del 20 de mayo de 2009. inédito
  5. Lacan, J. "Alocución sobre las psicosis en el niño". El Analiticón 3, Barcelona Ed. Correo Paradiso, 1987
  6. Lacan, J. "Alocución sobre las psicosis en el niño". El Analiticón 3, Barcelona Ed. Correo Paradiso, 1987
  7. Lacan, J. Seminario XX, Aun. Buenos Aires Paidós. P 103
  8. Lacan, Jacques: "Del psicoanálisis en sus relaciones con la realidad ", en Otros Escritos, Paidós, Buenos Aires, 2012 p. 373.
  9. Miller, J-A. "El ultimísimo Lacan". Buenos Aires, Paidós. 2013, p. 255
  10. Lacan, J. "Lituratierra". Otros Escritos. Paidós, Buenos Aires, 2012. Pág. 29
  11. Entrevista. Descargable en: http://marquezcarl.blogspot.com.co/2014/01/de-gestapo-gest-peau-una-interpretacion.html
  12. Miller J.-A., "La invención psicótica", Cuadernos de Psicoanálisis, nº 30, Ediciones Eolia, sept. 2007, p. 65.
  13. Ibid., p. 60.
  14. Ibid, p. 65.
  15. Silvia Salman Testimonio en la EOL Ánimo de amar
  16. Miller, J. A. "El inconsciente real": Curso del miércoles 15 de noviembre de 2006
  17. Laurent, E. Síntoma y nominación.
  18. Miller J.-A., El lugar y el lazo, clase XX, p.