ACTIVIDADES
Vector Político
Seminario de Textos Políticos
(STP)
Para la conversación política de la NEL

Por Gladys Martinez

De la Escuela recibo una pregunta que me trabaja y me pone a trabajar: ¿Cómo y por qué el Pase tiene efectos en la episteme y permite avanzar en la doctrina analítica?

¿En qué libro podría encontrar una posible respuesta? No existe tal libro, más sí los testimonios de los AE. No es posible saber sobre los efectos del Pase en la episteme sino es en el aprés coup de un procedimiento que en sí mismo arroja nuevos saldos de saber, caso por caso, tan diferentes. Esto acciona lo enigmático llamado por Freud represión originaria encontrado en una primera experiencia de cartel.

La doctrina analítica, de la que se hace cargo la Escuela, porta y preserva en su centro un agujero. Así como no existe La mujer, ni La relación sexual, no existe El analista. Es decir, no hay verdad absoluta ni identidad estática de lo que un analista es. Sincrónico al no existe, S(A/), lo inconmensurable ex-siste, esclarecido por Lacan como lo real. Se trata de una dimensión heterogénea al sentido, al saber articulado S2, y que habita cada cuerpo hablante, haciéndolo gozar. El psicoanálisis se ocupa de ese real y se orienta por él. En ese sentido aspira a saber algo de él. Pero ¿cómo saber sobre algo que no puede ser dicho? Y, ¿cómo transmitir ese algo de saber para que una doctrina avance y no se transforme en dogma, es decir, en creencias irrefutables?

Como dice Miller, por estructura, la palabra conduce ella misma a la repetición.[1] De allí el riesgo de que cada dicho de Lacan puede transformarse en un axioma repetido indefinidamente. La joya preciosa de una Escuela lacaniana es el Pase, porque su agalma no es el analista, a diferencia de una sociedad de profesionales, sino el analizante. De este modo el Pase deviene un dispositivo de verificación e investigación permanente sobre conceptos y nociones que dan cuenta de lo más original y singular de una existencia y sus nuevos modos de abrazarse a la vida. Pero no solo eso. Estela Solano, por ejemplo, testimonia del viraje del tesoro escondido de la satisfacción íntima de un nuevo ser, producto de un fin de análisis, a la transformación de la satisfacción propia en un bien común.[2]

Un bien común, que no es como los otros; no es saber-conocimiento. El saber epistémico de la doctrina analítica no está separado de la política ni del síntoma. La doctrina analítica solo se soporta en este nudo. Los AE testimonian de su modo singular de apresar trozos de real. Trozos de real que, liberados, desactivan un programa de goce mortificante, manifestado en inhibición, síntoma y angustia, que no se detiene solo por racionamientos.

En tanto Directora de una sede de Escuela y frente a las inhibiciones, síntomas y angustias subjetivas que hacen parte de la vida institucional, se me abre la pregunta por mi función distinta a la identificación. ¿Cómo poder orientar y causar un deseo de formación a otros? ¿De qué modo operar para ni hacerlo todo sola ni excederme en demandar?

En el momento, iniciar el estudio de los testimonios de los AEs, en las Noches de Escuela, ha constituido un retorno a los fundamentos. Retorno y apuesta a servirse de ese inigualable bien común que los AEs han puesto al servicio para que el psicoanálisis avance. Sus enseñanzas tan rigurosas como heterogéneas, no constituyen modelos sino la puesta en acto del no-todo, transmitiendo cómo es posible cernir algo de lo real. Se trata de hacer pasar algo de saber sobre un real. En ese sentido, constituyen un saber vivo, antídoto contra lo inercial de una teoría que se podría anquilosar. Pero ¿cómo puedo yo en mi actual función, atrapar y activar, al interior de la sede, esa vivificación?

NOTAS

  1. Miller, J-A, El concepto de Escuela. Recuperado en: http://www.wapol.org/es/las_escuelas/TemplateArticulo.asp?intTipoPagina=4&intEdicion=1&intIdiomaPublicacion=1&intArticulo=288&intIdiomaArticulo=1&intPublicacion=10
  2. Solano, Esthela, La práctica del Pase, EOLIA/Paidós, Buenos Aires, 1996, p. 20.