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Psicosis ordinaria
Giancarla Antezana, Jimena Contreras, Mónica Pelliza, Diego Tirado

Retomando un párrafo planteado por Dominique Laurent en el texto: "Las nuevas normas y lo ordinario de la psicosis", en el que se plantea que:

"Con el concepto de sinthome y de la metáfora paterna como primer aparato síntoma, podemos deducir que la metáfora delirante, pero también la identificación que sostiene al sujeto psicótico antes del desencadenamiento, son versiones no-estándar del Nombre-del-Padre".

Podemos pensar que las normas y las reglas que permiten ajustar las conductas, hoy en día se amplían y se transforman, caracterizando nuevas formas de lazos sociales. Es justamente en este punto que se puede pensar, que el psicótico puede mimetizarse y encontrar formas de sobre identificaciones con rasgos grupales, o insignias de la época, invenciones que permiten una estabilización.

Eric Laurent identifica que, en este momento de la civilización, donde existe un empuje decidido al goce, vivimos en mundos múltiples que son leídos a partir de significantes amos no estándar y que coexisten. El mundo es menos estándar, porque los instrumentos a partir de los cuales podemos leerlo, están más desestandarizados. La globalización produce modelos imaginarios, homogéneos de comportamientos, una verdadera estandarización imaginaria. Pero al mismo tiempo se acompaña de una desestandarización simbólica. El mundo de la ciencia no sólo produce un efecto homogenizante, sino que a través de la globalización hace callar a los Nombres del Padre, enmudece frente a cómo vivir las cuestiones sexuales, produciendo un efecto en los sujetos de reinventarse, buscar nuevas herramientas para ubicarse frente a las nuevas exigencias de goce que se imponen desde la civilización.

El Nombre del Padre -recurso estándar- trata de un arreglo fundamentalmente simbólico frente al goce y a la constitución de la subjetividad. Es una defensa frente a la lengua. Este concepto supone que, a través de lo simbólico, los ideales y el sentido compartido de la vida, se intentaría apaciguar el sufrimiento humano. El Nombre del Padre permitía separar psicosis de neurosis. Se borra la oposición entre la vida regida por el significante amo estándar y la vida regida por invenciones significantes no estándar.

Por una parte, la metáfora delirante es ya un esfuerzo para producir un abrochamiento y el sinthome - verdadera bisagra entre el significante y el goce - permite al sujeto mantenerse en el mundo.

Hay una afinidad del esfuerzo de invención delirante con la época. Esta última idea se desprende de la tesis formulada por Miller de forclusión generalizada, y que por tanto todo el mundo delira. Todos los discursos son defensas contra lo real del goce.

Las identificaciones en las psicosis dan una cohesión imaginaria; se presenta una identificación con el ser del rasgo significante y no con su representación. Se trataría de una sobreidentificación con un papel social. La sobreidentificación es un concepto propio de la melancolía, pero puede ilustrar una característica de la psicosis. El sujeto es cada uno de estos rasgos, afectando sujeto e imagen. Hay una fijeza en este tipo de identificación asignando al sujeto una posición, un papel inmutable. El sujeto es ese papel[1]. Entonces se habla de una compensación imaginaria.

Jacques-Alain Miller, nos invita a localizar un indicio en las psicosis ordinarias, en relación a la "incapacidad de conquistar su lugar en el mundo" o de asumir una función social. En ese contexto, Nicola Purgato nos menciona que el trabajo puede convertirse en la única identificación que los liga a la realidad y a la comunidad humana. El trabajo viene a ser el S1 que le permite al sujeto "sentir" que tiene algún lugar en el mundo y quizás también le permite dar cierto orden a su propio mundo interno.

En Joyce, no se trata de una identificación sino de una suplencia, ya que es compensado por la escritura, por la forma en que utiliza las palabras para defenderse de su traumático encuentro con la lengua. A diferencia del delirio, en el cual se juega la certeza, Joyce se enfrenta a epifanías que se le aparecen como evidentes. La significación de estas epifanías, escapan al sentido común, y se presentan como evidencias, con una significación singular. En definitiva, este uso singular del sentido se observa en diálogos triviales, frases anodinas, diálogos cortos, cuya realidad era insoportable.

A través de la escritura Joyce no cultiva la certeza sino el enigma, interpreta el enigma de las palabras que le son impuestas, por lo tanto, no delira. (José María Álvares, Juan de la Peña y José Rodríguez Eiras) (Las otras Psicosis). Jacques - Alain Miller señala en "Los inclasificables de la clínica psicoanalítica": "Si después de haber reconocido algo como significante, por ejemplo, los jeroglíficos, no se logra saber lo que eso quiere decir, tenemos el enigma: en el lugar de la significación, un vacío." Se trata de un vacío, en el lugar donde se esperaba una significación.

En Joyce la carencia de la función paterna se ilustra en la dificultad para nombrar las cosas. Nombrar las cosas, es lo que articula el significante y el significado, permitiendo un uso rutinario y común del lenguaje. En cambio, en Schreber, la escritura funciona como herramienta del delirio, escribe para delirar con certeza y más consistencia, en definitiva, escribe para no morir.

Miller propone la psicosis ordinaria, allí donde no se puede comprobar una neurosis estable, en la aparición de pequeños índices, en los que cuenta la intensidad y como decía Lacan en "De una cuestión preliminar…", "el desorden de lo que puede ser la juntura más íntima del sentimiento de la vida en el sujeto".

¿Cómo podemos entender el sentimiento de la vida?

Desde el planteamiento de Santiago Castellanos, en el orden de lo imaginario, es el organismo vivo, más una imagen, que conforman la imagen corporal, con la que el sujeto se identifica y tiene el valor de vida. Desde el orden simbólico, es el Nombre del Padre el que aporta la seguridad y el sentido de la vida, que orienta hacia la significación fálica y permite inscribirse en los discursos y establecer el lazo social, sobre la reflexión profunda de que el sujeto humano es el único ser que puede imaginarse su propia muerte. Desde lo real, Lacan muestra que hay una hiancia en el ser hablante, el encuentro con el lenguaje supone la pérdida de la naturalidad, con la consecuencia de que el sujeto no es un cuerpo, sino que tiene la posibilidad de tener un cuerpo. Lacan concluye que para que haya goce y sentimiento de la vida, es necesario tener un cuerpo vivo, lo que presenta una dificultad en la psicosis.

El psicótico tiene que hacer muchos esfuerzos de invención para mantener un cuerpo como uno, a veces a través de vínculos artificiales que le permitan apropiarse de nuevo de su cuerpo, y a través de estas abrazaderas y costuras, encontrar soluciones que puedan anudar nuevamente los tres registros.

Castellanos nos invita a retomar el concepto de Pequeño Automatismo de Clérambault, para poder orientarnos en el diagnóstico de psicosis ordinaria, ya que dicho autor planteaba, que había tres características en dichos fenómenos[2]:

  1. Desde el punto de vista de los afectos, estos son neutros.
  2. Son anideicos, o sea que las palabras o frases no se estructuran en una sucesión y diacronía, ni se amoldan a una secuencia de ideas.
  3. Son atemáticos, ya que constituyen verdaderos sinsentidos, tormentas de ideas o mentismo.

Clérambault traza un camino que pone de relieve los fenómenos sutiles como: Interferencias en el curso del pensamiento, juego de palabras, entonaciones bizarras, vacío del pensamiento, etc. Y los ideo-verbales: Eco del pensamiento, enunciación de gestos e intenciones, palabras explosivas, juegos silábicos, absurdidades, detenciones del pensamiento, etc. Para éste autor, el automatismo es causa y no efecto de la disociación del yo, lo que le sirve a Lacan, en su teoría, ya que no puede concebirse un sujeto de la idea previo a un sujeto del lenguaje[3].

La Psicosis Ordinaria, como recurso epistémico suplementario, nos orienta hacia una clínica de la tonalidad, la intensidad y los matices. Donde lo banal, aburrido y soso puede adquirir una función singular para un parlêtre.

Como nos lo recuerda Vicente Palomera, si nos abstenemos de comprender, los signos discretos, por más insulsos que puedan parecer, pueden resultar interesantes.

Los arreglos con los que nos encontramos en esta época, en muchos casos carecen del brillo fálico de la sintomatología neurótica o de lo excepcional de las invenciones delirantes de las psicosis "extraordinarias". Como menciona Palomera: "Las psicosis ordinarias nos ayudan a afinar mejor las diferentes tonalidades existentes en los modos de bricolarse de un sujeto para mantenerse en el lazo social y disponer de un cierto saber hacer con la vida."

En al caso de Joyce podemos localizar dos dimensiones fundamentales en su trabajo de anudamiento. Por un lado, no se encuentran, como sería el caso de una psicosis extraordinaria, trastornos del lenguaje. Más bien, lo que se encuentra es un manejo singular de la lengua que no llega a ser una construcción delirante. Vemos que no se arma una significación fija que funcione como metáfora delirante, lo que Lacan localiza en su escritura es el fuera-de-sentido.

El anudamiento de Joyce pasa por otros niveles, el escribir y publicar, apuntando a que su obra fuera imborrable por los próximos 300 años, dirigiendo su trabajo a darles trabajo a los universitarios. De esta forma se arma un escabel, una suplencia narcisista por la vía de hacerse un nombre.

En esta construcción que Lacan logra leer, resalta el "dejar caer el cuerpo". Esto muestra la falla en el anudamiento Joyceano y permite leer el arreglo posterior que Lacan nombra como Ego Joyceano, una reparación del nudo que vuelve a anudar lo imaginario que quedaba suelto. Un Ego fuera de cuerpo, pero que le permite mantener el Imaginario corporal. Es un arreglo sinthomatico que no requiere de la "garantía" del Nombre del Padre, pero tampoco es un arreglo que pase por el sentido delirante.

NOTAS

  1. MILLER Jacques- Alain y otros, La Psicosis Ordinaria, Paidós, 2003, Pág. 236.
  2. ÁLVAREZ José María, Estudios sobre la Psicosis, Colección La Otra Psiquiatría, Argentina, 2013.
  3. ÁLVAREZ José María, Estudios sobre la Psicosis, Colección La Otra Psiquiatría, Argentina, 2013, Pág. 142.