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Comentario Papers Nº 3
Agua nueva para el molino del psicoanálisis
Viviana Berger

Hacia el XI CONGRESO 2018 – "LAS PSICOSIS ORDINARIAS Y LAS OTRAS. BAJO TRANSFERENCIA"
PAPERS 7.7.7. Nº 3
Ciudad de México, 25 de enero de 2018

El psicoanálisis entiende al sujeto en su relación con el Otro, esta relación es insoslayable; si el Otro del siglo XXI no es el mismo que el del siglo pasado, entonces, los sujetos tampoco lo son. El Otro de la familia patriarcal produjo al sujeto de la neurosis, la pregunta es ¿qué sujeto producirá el Otro de la ciencia, la tecnología y la globalización? Lacan lanzó un enunciado provocador: la psicosis es la normalidad.

A su vez, eso que encontramos en la clínica, que nos sorprende, nos parecen rarezas, casos difíciles de clasificar, que no calzan con la teoría, eso trasmuta el psicoanálisis que practicamos trayendo nueva agua para el molino. ¿De qué agua se trata?

En el encuentro de hoy nos focalizaremos en el movimiento doctrinario discontinuidad-continuidad, que resuena en el mismo significante psicosis ordinaria que, no por nuevo, ignora su contrapunto con "las otras", las extraordinarias (poniéndose en evidencia el dato discontinuidad-continuidad).

Partiendo de un concepto fundamental de nuestro corpus teórico -el concepto de inconsciente- cabe subrayar un desplazamiento clave: del concepto del inconsciente freudiano (inconsciente simbólico S1-S2, el inconsciente transferencial, saber, articulado en los significantes) y también, del inconsciente lacaniano que conocíamos (inconsciente hiancia que nos propone Lacan a la altura del Seminario 11), a un inconsciente real (parlêtre, que incluye el goce y el cuerpo).

Evidentemente, este desplazamiento no puede dejar de arrastrar consigo al analista, en tanto entendemos que el analista forma parte del concepto mismo de inconsciente. En este punto podemos preguntarnos si la perspectiva borromeana modifica en algo la posición del analista en las curas que dirige, y en tal caso, ¿de qué manera? Aún más, ¿la perspectiva borromeana modifica la noción misma de la cura?

Cuando hablamos de Edipo, hablamos de estructura, de símbolo, del orden paterno –o no orden paterno, estamos en la referencia al Otro que establece un anclaje para el establecimiento de un orden en las significaciones humanas. En este contexto, la pregunta que guía el acto del analista, es ¿qué quiere decir? ¿dónde es que habla el sujeto? Nos orientamos por el síntoma, los sentidos condensados allí, que iremos descifrando y pasando por el trabajo del inconsciente a partir de la suposición de un saber: nuestro material serán los sueños, la asociación libre, las metáforas, la producción significante.

Cuando hablamos de goce, nos desplazamos del "eso quiere decir" a "eso quiere gozar", "eso se satisface", del sujeto del significante al sujeto del goce, y la orientación, en tal caso, es el sinthome -como anudamiento de goce-, introduciendo una perspectiva más pragmática, de un saber hacer allí.

En este campo, el Otro no existe -aunque siempre sea "no sin el Otro"- estamos en la soledad del Uno, que no es el rasgo unario de la identificación sino, más bien, en la perspectiva del objeto como aquello que muerde lo real, lo real del cuerpo, que es el goce. Se trata del ser de sentido gozado, el Uno de goce que itera.

Cito del texto de Simone Souto, "el sinthome es una satisfacción sexual sustitutiva(Gerardo Arenas lo pone en cuestión); pero lo que ella sustituye es una referencia vacía. Así pues, lainexistencia de la relación sexual delinea una economía de goce que "es de punta a puntasustitutiva, sin original"3 Encontramos aquí una metáfora distinta de aquella de la delNombre-del-Padre y de la metáfora delirante: primero, porque no se trata de una sustituciónde un significante por otro, pues en este caso existe sólo Uno, aquel que viene dellugar de lo que no existe; segundo, porque esa metáfora no produce como resultado, unsentido, ni edípico, ni delirante; lo que ella produce es un goce fuera de sentido".

La referencia está orientada por el vacío de referencia S(A/), y no en relación al falo -como podría ser la envoltura formal del síntoma, que está hecha de elementos del orden del significante. La metáfora tanto del N del P como la delirante, finalmente están conformadas por simbólico, por el campo del Otro; el sinthome va en la línea del fuera del sentido, en la dimensión de un goce Otro, del "incurable", donde se localiza el goce que no puede ser negativizado y donde cada uno inventa lo que puede colmar ese agujero de saber.

La admisión de un "incurable" toma como referencia un no-todo, una incompletud; y abre la solución por las vías de una localización, de un cernimiento del real, abandonando toda idea de tamizarlo por la maquinaria significante del sentido y de las metáforas –necesita de Otra dimensión.

Sigue el texto: "En la dimensión del sinthome, la palabra pierde su función de comunicación, de información, para no ser otra cosa que la palpitación de un goce."

No se trata de llamar a otro significante, sino de un efecto de "palpitación", efecto del decir en el cuerpo -cuando se apela al signo es para articularlo, ineludiblemente, con el elemento tomado del cuerpo, no con la batería del lenguaje. Se trata de acotar el goce, pero no por la vía del significante sino, más bien, por la vía del signo, es decir, no a través de la articulación de la cadena del sentido sino del anudamiento entre la lengua y el cuerpo.

"Para dar soporte a esta nueva forma de pensar la clínica, Lacan se sirve de los nudos borromeos con sus diversas anudamientos y posibles desanudamientos. Con la manipulación de los nudos, él intenta dar cuenta de una práctica del psicoanálisis orientada por lo real que forcluye el sentido, lugar en el que el goce aparece en su materialidad; una práctica que se aproxima más a un hacer que a un saber".

La perspectiva es, sin duda, pragmática. La apuesta es por los engarces, los broches que estos sujetos pueden fabricar con sus recursos subjetivos a fin de prevenir o reparar los desenganches. Es entonces que el "ordinario" pasa a ser singular. Si "Hay de lo Uno", como no hay relación sexual, hay la singularidad que es la suplencia. Este punto es determinante para la dirección de la cura.

El análisis permitirá, luego, mejorar la solución, identificar cuándo el nudo está tambaleando, desmontar para volver a montar. La pregunta clave es ¿qué funciona como compensación? ¿Qué hace de capitón estabilizando al significante y al significado? ¿Cómo se las arregla el sujeto para administrar su goce?

El analista advertido de aquellos signos ínfimos, encontrará luego, el elemento compensatorio, localizará eso que en determinado momento se desengancha del Otro, a falta de lo cual, se erra en la dirección de la cura.

Cito del texto de Simone Souto: "Tomar el inconsciente por esa vía modifica la práctica porque al hacer resonar otra cosa que no sea el sentido, da lugar a un abordaje más ordinario de la clínica, tanto en el campo de la psicosis como en el de la neurosis, volviendo perceptibles una variedad de soluciones inéditas con las cuales, por el uso del síntoma, se puede prescindir del padre, sea más allá de él (en el caso de las neurosis) o más acá (en el caso de las psicosis)".

Retomando la pregunta del comienzo, la modificación en la práctica no puede no incidir directamente en el lugar y el funcionamiento del analista en la transferencia, desplazando también, las maniobras analíticas del lado del objeto: el analista en tanto semblante del objeto en el lugar del Otro y haciendo presente el vacío topológico, el agujero que aloja el objeto a causa del deseo.

Es así que las psicosis ordinarias nos empujan, a los propios analistas, a salir del delirio del sentido, el desciframiento, las significaciones, para entender que en esos enredos con la verdad, se trata de lo real que nos encuentra y que es, finalmente, lo que nos orienta y apuntamos a cernir en los análisis que llevamos adelante –lo cual no será sino a partir del de cada uno, en tanto que, si esa otra dimensión se introduce, o no, dependerá de la relación del analista con su propio UnReal, único lugar desde donde podrá emerger el soporte de su acto.