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Trabajo sobre el eje: "Delirios, certezas e invenciones ¿Cómo pensar la locura hoy?
4ª sesión, rumbo al congreso de la AMP: "Las psicosis ordinarias y las otras. Bajo transferencia"
NEL Delegación Tarija
Withney Ferrufino, Edwin Jijena, Camila Loza, Laura Lea Plaza, Ricardo Torrejón (coord.)

Con la pregunta ¿cómo pensar la locura hoy?, los Papers 777 nº 4, nos introducen en la exploración, en la revisión de los alcances conceptuales, clínicos y políticos, del campo de investigación que llamamos Psicosis ordinarias.

 

El axioma todo el mundo es loco, es decir delirante. La hipótesis de la forclusión generalizada.

Entendemos esta hipótesis tomando en cuenta que para el último Lacan lo real es inasimilable, impermeable al sentido. Con la consideración de lo simbólico como semblante y por lo tanto el Nombre del Padre también, éste pierde su privilegio de ordenador frente a los demás registros, donde además lo imaginario era considerado como artificioso, ficticio y engañoso. Frente a lo real impermeable al sentido, lo simbólico es tan semblante como lo imaginario.

En Sutilezas analíticas, Miller dice: "Precisamente, lo real pasó a primer plano en la última enseñanza de Lacan porque no puede ser relevado por lo simbólico, porque no puede conocer esta Aufhebung, esta significantización, y permanece inasimilable. De aquí la ruptura entre lo simbólico y lo real, que lo llevó a introducir lo imaginario como tercero, como el término que los anuda"[1]

Como no es posible esa significantización, frente a ese real inasimilable el sujeto deberá inventar una forma de anudamiento que impida que el imaginario corporal pierda su consistencia. Esto es, un punto de identificación que detenga y localice la deriva pulsional.

Esta cuestión de la invención imaginaria viene a anudar la diferencia entre simbólico y real, es un punto crucial porque a partir de allí se puede leer lo relativo a la invención, como la posibilidad de hacerse a un cuerpo, a una identidad, a un semblante, a un ideal, y por ende a tener un lugar en el mundo.

Es posible situar algo del orden de la invención en el caso clínico seleccionado para trabajar junto al eje que estamos estudiando. Se trata de un hombre para el cual lo real enigmático tiene la forma de una "rabia interior" que lo sobrepasa y para la cual no encuentra explicación. Tiene la forma de un afecto que toma el cuerpo y tiene consecuencias a nivel del lazo con los otros.

Tiene que ver con el Otro goce encarnado en las mujeres de la familia; aquellas hacia quienes siente un impulso incontrolable de hacer daño. El decir de estas mujeres es "todos los hombres son malos". Frente a esto el sujeto responde con algunos significantes: "zángano", "inútil", significantes que también aparecen en los episodios en los que el sujeto pasa de la rabia al rebajamiento de sí mismo. El traumatismo que provoca la creación de afectos, significantes e identificaciones se situó en el abandono materno.

En los Papers 777 nº4, Maria do Rosário Collier do Rêgo Barros, dice que: "Tener que arreglárselas con estas marcas traumáticas es nuestra condición como parlêtres, para ir desde el goce del Uno hasta el lazo social"[2] Y lo que está planteado en todo el eje que nos toca estudiar, es que esta forma de arreglárselas con lo real traumático parece ir desde las certezas a las invenciones siempre singulares, más que a los grandes delirios de otras épocas.

 

"Delirios, certezas e invenciones"

Cada uno de estos conceptos implican un desarrollo diferente.

La certeza: Es posible pensar a la certeza, -que a partir del último Lacan no es un fenómeno exclusivo de la psicosis- como lo más cercano a lo real; en el borde donde para todo ser hablante hay algo del orden de lo enigmático, de lo imposible para el sentido: "De ahí el parentesco de la certeza con la angustia, afecto que no engaña. Hay la certeza de una falta, pero no hay ninguna referencia para interpretar el objeto en juego, porque éste no puede estar articulado a la significación fálica. Es justamente en este punto de un vacío sin referencia a una falta interpretable, cuando se necesita una invención que tenga la función de construir bordes a este vacío, de circunscribirlo, para que sea menos amenazante y menos invasivo."[3]

Entonces la invención, que no es lo mismo que la creación porque se sostiene sobre materiales ya existentes, tiene la función de construir bordes, de circunscribir, tramitar el goce invasivo y por último construir un lazo social posible.

Quizás esta es la diferencia entre el delirio extraordinario que dificulta al sujeto conducirse al otro, y las invenciones delirantes que puedan hacer un lazo. Es el caso de Joyce para quien "ser el artista" se articula con el otro de los universitarios a quienes tendría ocupados cien años.

Entendemos así la invención que se apoya sobre materiales existentes, articulándolos y construyendo quizás anudamientos nuevos. Como dice Miller: "Y por el solo hecho de que hablamos, se instituye una trama entre los azares y se abre paso a una necesidad que asume la figura del destino o de la vocación."[4]

Se podría pensar esos azares de los que habla Miller como lo que para el parlêtre es del orden de la creación, de lo que queda del encuentro traumático de lalengua con el cuerpo, o como en el caso que estamos trabajando, el encuentro entre el cuerpo y el deseo del otro, que en el caso está ausente. De esa forma la invención da paso a aquello con lo que uno puede orientarse y hacerse un lugar en el otro. Por eso el síntoma es una invención respecto a la posibilidad de hacerse un ser, una identificación sobre la singularidad del goce.

Volviendo al caso, es importante subrayar lo que el dispositivo analítico posibilita para el sujeto y el uso que él hace del mismo. Como señala la analista, se trata de un "tratamiento de la rabia" que le permite dirigirla a un discurso en la medida en que implica una forma de presentarse al Otro, de hacer un lazo social; algo del orden de la invención que transforma ese real enigmático en la posición del "intelectual marxista" y de una articulación entre la acción violenta y el conocimiento, y logra nombrar su lugar allí: "militante marxista, académico no de acción". Que además frena el posible pasaje al acto violento.

Es posible pensar que los materiales existentes en todos los casos, tienen que ver con esos significantes, y esas imágenes que nominan un goce que no se dialectiza. Es el caso del significante "zángano", relacionado al padre pero, como dice la analista, que no tramita el goce. "Zángno" parece nombrar algo del goce como éxtimo porque si bien los zánganos son los otros, el sujeto fácilmente se desliza también a ese lugar. Alrededor de este real el sujeto puede hacerse un nombre con el que se articula en un lazo social: el intelectual y académico que tiene una teoría sobre la violencia, el que considera en qué acciones sociales se requiere de la misma.

El acto analítico implicará estar atentos a las creaciones e invenciones; atentos a las certezas de goce que sostuvieron al parlêtre y podrían mutar en un goce articulado a la satisfacción y atentos a las invenciones posibles dentro y fuera del análisis. Sobre ese punto José Fernando Velásquez señala que: "Es preciso al deseo del analista apoyarse en la topología de estos bordes que enmarcan el agujero del ser, bordes que hacen un texto propicio a la lectura, a la interpretación, a la resonancia sin significación. Hay que captarlos, asirlos, presentarlos, nominarlos, operar con ellos."[5]

En el caso, la analista consiente al uso que el sujeto hace del dispositivo analítico, él allí encuentra el lugar para hablar y descubrir lo que le interesa, quizás posibles semblantes que van sosteniendo su imagen: cubos rubik, problemas sociales, lectura, escritura; todas articuladas al S2, es decir al saber. Creemos que esto es posible pensarlo también como una invención que se da dentro de la escena transferencial, dado que la analista subraya en este momento la estabilización de la transferencia y la emergencia de un sujeto en posición de analizante.

En ese sentido el sujeto parece construir, inventarse un ser con los materiales de su anterior creación fallida en torno al saber, el saber del discurso universitario, que no responde al Nombre del Padre. Como indica Indart en el seminario Clínica de la frustración hoy: "Si el sujeto todavía no se desanuda más, es porque en muchos casos es el discurso universitario el que le da un lugar en un vínculo social. (…) Así como personas que, al tomar de referente en vez de al padre el saber, quedan ubicadas acá, como un objeto, un objeto de valor, un objeto que tiene que adquirir valor cumpliendo los requisitos de un saber."[6]

Lo que nos enseña la investigación de las psicosis ordinarias pensadas desde el último Lacan, es que es posible hacerse un arreglo que no sea vía el Nombre del Padre, que ya no es la norma y se convierte en un invento más entre otros.

En ese sentido Monica Wons dice: "Tanto en las psicosis ordinarias como en las extraordinarias, en el lugar del Nombre-del-Padre hay un agujero. A partir de las psicosis ordinarias, Miller muestra que en las psicosis puede haber algo allí, un aparato suplementario llamado CMB, Compensatory make-believe. A eso queda finalmente reducida la función del padre: a un "como si" en el que se cree. Cualquier elemento puede funcionar en su lugar."[7]

Hacer de "hombre de verdad" con todas esas cuestiones relacionadas a lo violento: "a los hombres les gusta el boxeo, los juegos violentos, la agresión…", ser el "militante marxista, académico no de acción", parecen formar parte de este "aparato suplementario" que "hace de…", es un "como si…". Es una invención que tiene cierta fragilidad.

 

Consecuencias políticas del: todo el mundo es loco, es decir delirante

Primero, le hace un agujero al Otro de la salud mental. La clínica del sínthome como nos lo recuerda Miller, borra las fronteras entre neurosis y psicosis y acentúa la singularidad del goce. "la distinción neurosis-psicosis es operatoria a nivel significante, pero lo es mucho menos a nivel del modo de gozar"[8]

El psicoanálisis tendrá que ocupar su lugar en el mundo haciendo un agujero, una conmoción similar respecto a los totalitarismos que segregan. Y para eso es preciso en la práctica, dejar atrás la vía del sentido con la ilusión de que así se podría atrapar lo real.

El sinthome cumple una función de reparación en el nudo y nos permite destituir el valor universal de Nombre del Padre. "El punto de vista del sinthome borra la distinción neurosis-psicosis cuando destaca el modo de gozar en su singularidad, es decir, sustrayéndolo de las categorías."[9]

Entonces ¿cómo pensar la locura hoy? Decimos: no sin el sinthome, es decir, no sin la singularidad del goce, porque de otro modo la locura hoy dejaría de existir y sería absorbida por los ideales de curación donde el goce de cada cual que cuestiona la norma, no tendría lugar. La locura de cada cual quedaría borrada por la extensión del trastorno, del disorder.

Todo arreglo, en tanto que ya no nos orientamos por la norma, es delirante. Arreglos delirantes como "un músico verdadero", "militante-marxista", en los casos trabajados. Ello no significa perder de vista el real de cada psicosis, porque corremos el riesgo de convertir a la psicosis en un semblante social, como dice Miller en Todo el mundo es loco[10].

NOTAS

  1. Miller, J.-A., Sutilezas analíticas, Bs. As., Paidós, p. 28 - 29.
  2. Collier do Rêgo Barros, M. R., "De la sorpresa a la invención", en Papers 777 nº 4, https://congresoamp2018.com/wp-content/uploads/2017/12/PAPERS-7.7.7.N°4-MULTILINGUE.pdf, p. 12.
  3. Ibid., p. 13.
  4. Miller, J.-A., op. cit., nº 3., p. 88
  5. Velásquez, J. F., "Sobre invenciones y consistencias" en Papers 777 nº 4, https://congresoamp2018.com/wp-content/uploads/2017/12/PAPERS-7.7.7.N°4-MULTILINGUE.pdf, p. 17.
  6. Indart, J. C., Clínica de la frustración, hoy., Publicación del Centro de Investigación y Docencia en Psicoanálisis, CID - Las Mercedes, Caracas, 2012, p. 22.
  7. Wons, Mónica; "Invenciones" en Papers 777 nº4, https://congresoamp2018.com/wp-content/uploads/2017/12/PAPERS-7.7.7.N°4-MULTILINGUE.pdf, p. 7 - 8.
  8. Miller, J.-A., op. cit., p. 76 - 77
  9. Ibid., p. 76
  10. Miller, J.-A., Todo el mundo es loco, Bs. As., Paidós, p. 311.