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El acto analítico en la psicosis ordinaria y las otras
Trabajo colectivo de los miembros de NEL CARACAS Relator: Cristina Gonzalez de Garroni

La investigación en torno a la psicosis ordinaria ha tenido como efecto reordenar la clínica y con ello el quehacer del psicoanalista. Se trata de una exigencia al psicoanalista de ir mas allá, no solo cuando se trata de una psicosis bien sea extraordinaria u ordinaria, sino incluso en el campo de las neurosis.

Desde la perspectiva clásica de la clínica estructural, de la clínica discontinua, el acto analítico en la psicosis, está acotado por la forma que tiene la transferencia en la psicosis, circunscrito a maniobras restringidas, a la luz de la perspectiva deficitaria del Nombre del Padre. Su acto esta modulado por "la posición de secretario del alienado", ya que la posición de Sujeto Supuesto Saber, se constituye en un imposible y en un peligro que puede hacer resonar el agujero estructural, que puede llevar al desencadenamiento de la vertiente erotómana de la transferencia o a la persecución invasiva del Otro gozador en la paranoia.

La concepción de la Forclusión generalizada que se desprende de la ultimísima enseñanza de Lacan no borra los limites esclarecidos por Lacan en relación a la clínica diferencial entre neurosis y psicosis, porque no se trata de que ahora, estas categorías, están del mismo lado, sino que aun teniendo diferencias claras, comparten la idea de la clínica de los nudos, la idea de los anudamientos, que no es más que resaltar lo más singular de cada uno (psicótico y neurótico), la singularidad de las respuestas sinthomáticas , de los arreglos, de las salidas, de la invención, "de encontrar su propia respuesta ante lo real que le toca vivir" [1]

A pesar de que tanto en la clínica estructural como en la de los nudos falta el significante esencial de la castración, en esta ultima la clínica apunta al funcionamiento. El sinthoma prescinde del Otro, y lleva la marca primordial de la letra, que no está para ser descifrada en sus sentidos, pero que organiza la lógica de una vida, la lectura de la realidad, el marco del mundo y los más social del sujeto.

La pregunta para el psicoanálisis sería cómo cada hablante se las arregla con lo real. Qué elabora cómo defensa ante ese real. Esta pregunta orientará el acto analítico.

En la psicosis ordinaria, a diferencia de las psicosis clásica, el agujero forclusivo ha encontrado una salida que ha impedido la emergencia, la irrupción del desencadenamiento. El sujeto logra un tratamiento al desorden provocado en la juntura más íntima de la vida del sujeto.

Bajo transferencia el analista puede captar a partir de la presencia de algunos signos discretos la evidencia de la estructura y plantear que del deseo del psicoanalista puede venir a contener el exceso de goce no marcado por la castración, de forma que pueda advenir, precipitarse una invención.

El analista como sinthome es un condensador de libido. Se trata de calibrar con la mayor precisión posible cual ha sido el bricolaje que el sujeto ha construido para sostenerse estabilizado, dejarse orientar, dejarse enseñar por el sujeto psicótico, que las más de las veces aporta claras indicaciones del lugar que conviene al analista para poder hacer uso de él y reanudarse como mejor pueda a la vida.

Los casos aportados por Jose Fernando Velásquez y Claudio Morgado nos permiten captar ésta orientación en el acto del analista. En el caso que presenta José Fernando Velásquez una mujer mayor con 20 años de tratamiento, que asiste por el duelo de la muerte de su esposo, y en donde el accionar del analista se encuentra obstaculizado, el analista refiere no encontrar la forma de sostenerla en ese duelo, pero capta un rasgo que será crucial en la orientación de la cura: la hipersensibilidad, rasgo que se manifiesta en diferentes ámbitos de la vida y se repite bajo transferencia (exagerada sensibilidad ante cualquier modificación el encuadre y ante las intervenciones). El analista se pregunta qué hacer con la fragilidad del nudo y decide situar el gesto a partir de la hipersensibilidad, ubicándose como el receptor adecuado, con una presencia sólida que le ayuda a estabilizarse. No captar ese punto de goce desregulado en la hipersensibilidad no hubiese permitido alojarlo en el dispositivo analítico para empujar a un más allá.

El caso de Claudio Morgado, se trata de un sujeto que ha tenido un desencadenamiento y Claudio se pregunta por el problema de las estabilizaciones en la psicosis. A partir de la queja por los problemas familiares se aísla lo que orientará el acto analítico: el no ser entendido y la certeza del sujeto que cristaliza en la frase "ellos tienen que entender". Dice Morgado que estos elementos le permiten ubicar lo que conviene y lo que no conviene en la transferencia: darle peso a sus palabras es algo fundamental en el tratamiento. Así como una postura que llama "sosa" en la que el analista se desmarca del Otro con una demanda desmedida y del que pudiese provenir la voz como objeto invasor de goce. Lo soso no es una postura floja, es un acto que permite regular el goce del sujeto, haciendo posible anudar algo bajo transferencia.

Dos casos de psicosis, uno de una psicosis clásica con un momento de desencadenamiento, y una psicosis ordinaria abordados con una misma orientación, la orientación del sinthoma, donde el acto analítico con una escucha atenta, permite apaciguar y ordenar, en una construcción nueva, lo que sirva para situarse mejor ante la vida.