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Papers 5 - Entre la época y sus abrochamientos… la cuestión del amor
Lorena Greñas
Con la colaboración de: Susana de Dicker, Pany Dimitrakis y Gloria María Ruiz

1. Pero no todos psicóticos…

"La psicosis ordinaria es la subjetividad de nuestra época" nos dice M. Bassols interpretando a la actualidad y haciendo, en su planteo, una aproximación entre debilidad mental y psicosis ordinaria. A ese respecto, nos preguntamos cómo sostener dicha afirmación y encontrar una vía que permita diferenciar neurosis y psicosis pues si bien podemos consentir con que la época produce una "subjetividad que nada entre discursos", no se trata de un ¡todos psicóticos!... ordinarios o extraordinarios.

¿Acaso el esclarecer las consecuencias en las diferencias de anudamiento, entre los sinthomes neuróticos ylos psicóticos, constituye una vía posible para orientarnos, tanto en lo epistemológico como en la dirección de la cura?

Es importante recordar que Lacan concluye la clase 4 del Seminario 24 afirmando: "Entre locura y debilidad mental, no tenemos sino la elección". [1] Shejtman aclara que, en este Lacan, la locura es el producto del des-enlace de los registros por algún orden de encuentro con lo real que cuestiona las soluciones sinthomáticas y ésta no es exclusividad de las psicosis.[2]

De esta cuenta, para el caso que presenta M. E. Cardona nos preguntamos, ¿cuál es el encuentro con un real que desanuda a V?¿qué es lo que está operando como sinthome que la anuda?... La angustia, tan prevalente en el caso, constituye una orientación invaluable dado que es el síntoma tipo de todo acontecimiento de lo real.

En esta línea, Marita Hamann[3] nos hace un aporte importante al articular las coordenadas de la época con los síntomas contemporáneos (si bien no los llama así) dado que, al referirse a la "psicosis civilizadora normal", da cuenta de la dificultad de los seres hablantes para atemperar la angustia y constituir síntomas tradicionales articulándolo a que el recurso a la función NP está estorbada y, por lo tanto, hay una ausencia de significante que ancle al sujeto.

En el caso que nos ocupa, ¿acaso la violencia contra el cuerpo – como síntoma contemporáneo – sigue esta lógica y es constituye un intento de hacer una suplencia a un límite que no puede resolverse por la metáfora? Si no es así, ¿de qué se trata dicha violencia?

 

2. La cuestión de Padre, el padre en cuestión… y la cuestión del amor

Continuando por la vía que venimos explorando, encontramos que la cuestión del padre es central para diferenciar los anudamientos sinthomáticos en las neurosis y las psicosis al incidir de diversas maneras en las coordenadas de la época.

Nos hallamos en la "era pospaterna", que implica la deconstrucción del padre y conlleva su pluralización. A ese respecto, Eric Laurent señala que aparece una versión reformista del padre donde éste queda reducido a la función de un instrumento de utilidad social […]; sin embargo, el reverso de esta pluralización es una nueva versión de la humillación del padre: el padre evaluado respecto a su autoridad, entre otras. Así afirma: "La cuestión de la autoridad, tradicionalmente ligada a la función paterna, vuelve desde el exterior a través de los llamados al orden de la exigencia social: «¡cuide a sus hijos! »"[4]

El caso evidencia lo anterior. Ante las crisis de la joven, el colegio presiona a una hospitalización o de lo contrario, se acusará de negligencia tanto a los padres como a la institución donde la joven lleva a cabo su tratamiento. Finalmente, V es hospitalizada violentamente y se le medica durante varios días.

De esta manera, queda borrada la subjetividad y se recurre a la medicación que conlleva una alianza entre la ciencia y el mercado propio del discurso capitalista.

Por su parte, Marcelo Barros se refiere a la sociedad de control como un efecto de la destitución de la autoridad y dice: "… justamente la exacerbación de los mecanismos de control social no es algo que emergería como suplencia ante una autoridad en declinación, sino que la destitución de la autoridad es la condición del control. El control social se ejerce mucho más férreamente allí donde la instancia de la autoridad falta. No parece que reflexionemos bastante acerca de lo que implica que Lacan haya presentado la lógica del «orden de hierro» como algo opuesto al Nombre del Padre."[5]

En este sentido, Lacan brinda los fundamentos para dicha reflexión. En el Seminario 21, se remite a Freud para indicar que en "Psicología de las Masas y Análisis del Yo", él relaciona al amor con el Nombre del Padre. Luego afirma: "El desfiladero del significante por el cual pasa al ejercicio ese algo que es el amor, es muy precisamente ese Nombre del Padre…". Señala entonces la pérdida, en ese momento de la historia, de lo que se soportaría en la dimensión del amor. Dice: "[…] a ese Nombre del Padre se sustituye una función que no es otra cosa que la del "nombrar para" [nommer á]. Así, lo social toma predominio de nudo detentando ese poder de "nombrar para" al punto de restaurar un orden que es de hierro.[6]

Al respecto, Shejtman nos amplía la cuestión del orden de hierro al señalar que, si bien este "nombrar para" anuda, enlaza, entrama y, por lo tanto, puede llegar a tener una función de sinthome.Se trata de un sinthome psicótico, que restituye un orden inflexible, en la medida en que constituye un encadenamiento por acople, por interpenetración, no borromeo. Asimismo, lo contrasta con el anudamiento paterno, amoroso, cuya flexibilidad puede entenderse, en términos nodales, por su referencia al encadenamiento borromeo sostenido de la ex - sistencia recíproca de sus eslabones.

¿Qué se desprende respecto a la dimensión del amor en el caso? Consideramo que ést éste pone de manifiesto el aforismo lacaniano: "El amor hace al goce condescender al deseo".

Ante el rechazo y el desinterés de los padres y de su negativa a mirarla, la analista hace un manejo de la transferencia: pone la mirada en la joven quien se encuentra tirada en el suelo, identificada al objeto como desecho y le dice "¿qué te pasa?, no quiero verte ahí… ese no es tu lugar […] puedo ayudar a levantarte y salir de ahí". Dicha maniobra encierra la clave para el movimiento de V., desde una posición de "sufrir gozando" a encontrar una manera más libidinizada de ver su cuerpo, establecer lazos sociales con otros jóvenes e integrarse a un movimiento religoso que le da una pertenencia.

En otra intervención, la analista interviene introduciendo la castración en la madre pues la joven tiene la certeza de que la madre "nunca" hace nada por ella. La analista le dice: "a lo mejor ella no sabe hacerlo".

En suma, con sus intervenciones, la analista permite instalar el amor, por el sesgo de la transferencia.

Al precisar la relación entre la caída del Nombre del Padre con el surgimiento de la sociedad de control – el orden de hierro –, que conlleva la pérdida de la dimensión del amor, nos parece pertinente relanzar una pregunta que le dirigieron a Marcelo Barros, respecto a la articulación posible entre la sociedad de control y una condición psicotizante. El responde: "…el control es el paradigma del poder en la sociedad postpaterna. Allí donde rige el control, las reglas, los protocolos, los procedimientos, la funcionalidad radical de los aparatos técnicos y burocráticos, se aspira a una forclusión del acto […]La condición psicotizante es la de un medio en el que no habría lugar para el acontecimiento, para que alguien pueda autorizarse a algo. La sociedad de control despoja a las figuras patriarcales de su autoridad, pero también nos despoja a cada uno de nosotros de la nuestra."[7]

Su respuesta constituye una orientación para los retos que encontramos en el ejercicio de nuestra práctica y la dirección de la cura. Cabe articularlo a lo desarrollado por Shejtman quien nos recuerda que en el Sem. 23, Lacan señalaba que "no hay en ningún caso despertar"; sin embargo, nos dice, el analista podría apuntar a advertir de qué modo se ha elegido permanecer durmiendo… hasta eventualmente inspirar el deseo de despertar. En palabras de Lacan: "el análisis no consiste en que uno esté liberado de sus sinthomes, [..] [sino] en que se sepa por qué se está enrededado en eso". Shejtman finaliza diciendo: "…¡no vaya a creerse que el sinthome es el mejor de los mundos! Si la reparación sinthomática es solución, hay que decir que las hay tan funestas que obligan al analista a interponer una objeción…".[8]

En esta línea, contrariando la posición de objeto de desecho en V., las intervenciones de la analista, operando con el amor vía la transferencia, dan cuenta de la buena manera de interponer una objeción. ¿Acaso no se trata de la puesta en juego de la dimensión del acto?

Finalmente, Eric Laurent nos recuerda que, para Lacan, toda comunidad humana conlleva un límite al goce que implica al mismo tiempo una autorización y una barrera. Se trata – nos dice – de la función del padre y todos tenemos que inventarnos el padre que nos reconoce o nos rechaza. [9]

En el caso que nos ocupa, ser "discipula del Señor", le ha permitido inventarse un padre idealizado que le brinda la posibilidad de una buena salida: "tú mereces vivir". Consideramos que si bien dicha salida la aleja del análisis, no es sin lo que éste posibilitó.

NOTAS

  1. Lacan, J. Clase 4 del 11 de enero de 1977. Seminario 24. Inédito. Disponible en http://www.psicoanalisis.org/lacan/24/4.htm Consultado el 15 de febrero de 2018
  2. Shejtman, F. Ensayos de clínica psicoanalítica nodal. Op. Cit. Pags 121 y 122
  3. Hamann, Marita. "La época de lo ordinario". Disponible en https://congresoamp2018.com/wp-content/uploads/2018/01/PAPERS-7.7.7.N°5-MULTILINGUE.pdf Consultado el 4 de febrero del 2018
  4. Laurent, Eric. "Un nuevo amor por el padre". En El goce sin rostro. Psicoanálisis y política de las identidades- 1ª ed. Buenos Aire: Tres Haches, 2010. Pag. 74
  5. Barros, M. "Cientificismo y Control Social". Disponible en http://www.revistavirtualia.com/articulos/264/lo-real-en-la-ciencia-y-el-psicoanalisis/cientificismo-y-control-social. Consultado el 5 de febrero 2018
  6. Lacan, J. El Seminario. libro 21: Los no incautos yerran, inédito. Disponible en http://www.psicoanalisis.org/lacan/21/10.htm. Consultado el 16 de febrero de 2018
  7. Barros, M. "El control es el paradigma del poder en la sociedad pospaterna". Disponible en http://nel-medellin.org/el-control-es-el-paradigma-del-poder-en-la-sociedad-postpaterna/ Consultado el 5 de febrero de 2018
  8. Shejtman, F. Ensayos de clínica psicoanalítica nodal. Grama ediciones. Bs As. 2013 Pag. 122
  9. Laurent, Eric. "Un nuevo amor por el padre". En El goce sin rostro. Psicoanálisis y política de las identidades- 1ª ed. Buenos Aire: Tres Haches, 2010. Pag. 87