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CONVERSACIONES
Primera Conversación Permanente – Hacia un nuevo lazo
Marcela Almanza, Presidente de la NEL (2018-2020)

Buenos días a todos, queridos miembros y asociados de la NEL. Hoy estamos reunidos de manera inédita, las Sedes, Delegaciones y Grupos asociados de nuestra Escuela bajo esta modalidad ofrecida al hilo de la contingencia y que seguirá en pie, a puro deseo, bajo el sesgo de una Conversación permanente.

Si este encuentro es posible, lo es por el consentimiento de cada uno de ustedes a la propuesta, por albergar de manera entusiasta la invitación a tomar la palabra para hacer un paréntesis en esta nueva vida cotidiana y así salir, al menos simbólicamente, de un confinamiento que por cierto tiene una cara inevitable -la que depende de las políticas sanitarias planteadas por los gobiernos- pero que no necesariamente nos fuerza a aislarnos subjetivamente.

Es así, que, a partir de una novedosa escansión articulada a otro tiempo y espacio, la Escuela nos convoca en tanto analistas analizantes, a revalorizar el estatuto del lazo analítico, a velar por la supervivencia del psicoanálisis de orientación lacaniana y sus principios éticos y a bregar por la vigencia de la palabra en el marco del dispositivo analítico, en tanto elemento vital para sostener nuestra práctica aun en estos nuevos escenarios.

Tal como lo plantea J.-A. Miller en su Seminario El lugar y el lazo "La solución Lacan, la que el practicó e indicó, pasaba por hacer existir el psicoanálisis. Esto es algo totalmente diferente de guarecerse en un lugar."[1] Se trata de hacerlo existir por medio de la lógica, no de la historia -pues eso no es más que hacerlo existir por la tradición- "hacerlo existir por medio de su necesario y su imposible, y también alojar su posible y su contingente."[2]

En esta vía, contemplando las vicisitudes que plantea el contexto y amparados en la formación que la Escuela dispensa, cabe preguntarnos -una vez más- por la presencia del analista, por su función articulada al deseo que la sostiene y por su respuesta frente a las demandas actuales, cuando aloja el sufrimiento del cuerpo hablante tomado por la angustia y el acontecimiento imprevisto, teniendo en perspectiva la posibilidad de hacer de cada encuentro (ahora virtual) una ocasión propicia para el acto analítico.

Retomo a J.-A. Miller cuando dice que "Por lo general, en la actualidad toda irrupción de lo real convoca a una palabra dadora de sentido, a veces con urgencia."[3]

Otros discursos, lo sabemos, responden prestamente a ese llamado.

Contrariamente, J. Lacan, por su orientación "nos plantea que en definitiva el psicoanálisis no puede dirigirse más que a operar en la dirección del sinsentido".[4]

Por nuestra parte, y bajo estas coordenadas, nos preguntarnos cómo dar lugar a la temporalidad propia de cada parlêtre en la vía de atender al modo absolutamente singular con el que cada uno da cuenta de su encuentro con lo real, escuchando atentamente las resonancias, la repercusión sin par de aquello que se desprende de ese acontecimiento, para no subsumir lo imposible de soportar a ninguna regla ni a ningún standard.

Será en la sesión analítica, en la práctica del control y por supuesto en el ámbito de la Escuela, donde tendremos la ocasión de escuchar, de estar atentos a elaborar los primeros ecos de estas cuestiones, apostando al sostenimiento de un lazo transferencial que haga posible, aun en estas circunstancias, continuar con nuestra vida de Escuela.

NOTAS

  1. Miller, J.-A., El lugar y el lazo, Paidós, Buenos Aires, 2013, p.20.
  2. Ibid.
  3. Ibid. p.56
  4. Ibid. p.62.