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Julieta Ravard

Mi agradecimiento por esta invitación a Marcela Almanza, presidenta de la NEL, y al Comité ejecutivo que nos invita a reflexionar sobre un momento crucial en el que todos estamos concernidos en nuestras vidas. Hay un universal que nos atrapa ¿cómo revertir-lo al uno por uno, hacer de algo común, lo particular que pase a la experiencia de Escuela?

Consecuencias para la vida y la experiencia de Escuela. Para los analistas, son dos sintagmas unidos por un mismo lazo: el deseo.

Por eso acepto esta convocatoria de poder decir algo ante ustedes desde mi propia experiencia, no toda, de lo que me ha servido como orientación.

Para orientarse en el trabajo virtual, me parece necesario, por una parte, poder pasar de lo inquietante que se produce en el encuentro virtual, porque toca la temporalidad en su más íntima irrealidad: se verifica el semblante que cubre lo infinito. Tal vez por eso la demanda de inmediatez, de prisa en el encuentro, es la ilusión de confirmar que hay otro al otro lado de la pantalla. En un ideal tecnológico de completud, lo que nos encontramos es otra cosa: con el tropiezo, con lo que falla en el encuentro con la imagen; es el obstáculo mismo que hace surgir un efecto de división.

Por otra parte, hay que dejarse orientar por lo simbólico. Las instituciones que nos nombran y que nos sirven de brújula permiten una escansión colectiva; cuando no, actuamos desde lo más enraizado: nuestro propio goce. Si bien las ficciones que nos sostienen en la vida son indispensables, hay que saber del goce que las sostiene. Entonces, se trata de dar un paso más que permita hacer surgir la x, incógnita, que es el deseo del analista, que empuja a que haya análisis por encima de cualquier contingencia o avatar de la existencia.

La existencia de todos está atravesada ahora por el riesgo de enfermedad y muerte ¿cómo no va a filtrarse lo pulsional sin velo? ¿Cómo arreglárselas? ¿Qué nos sirve de orientación?

La orientación ha de ser desde lo más íntimo en lazo con una extimidad que sirve de brújula frente al desorden y al caos.

Decidir continuar con lo que conviene para sostener la práctica y la formación más allá de un lugar físico, toca al cuerpo. Cuerpo desalojado de la materialidad, de su olor, de sus tonos, de su forma, de su movimiento. Ello provoca una grieta en la singularidad más íntima. Y con eso hay que saber hacer, porque más bien se tiende a obturarlo, que a dar la posibilidad de análisis. Sin embargo ¿es posible que haya discurso analítico con alguien a quien nunca hayamos tenido presencialmente?

Una Escuela, que es un sujeto analizable, pone en jaque la angustia, la inhibición y el síntoma, en vías de sinthomatizar lo que ocurre, hacerlo hablar para ir más allá del bla bla que solo conduce a repetir el encuentro con el trauma.

Lo que vivimos en el 2020 es del orden de lo real y hay que tratarlo desde lo real. Si lo simbólico nos sirve de semblante para despertar de a poco, desde un corte, una puntuación, desde lo sugerido que toca la hora de la verdad, estamos entonces urgidos por encontrar lo nuevo, momento de repensar nuestra practica y lo que anuda en una Escuela a sus practicantes: dar los soportes necesarios para que ex–sista el discurso analítico. Cuando se ocupa una función hay que asumir el riesgo propio; que el deseo este encausado desde el orden del cálculo del bien decir y del bien hacer.

En la NEL Caracas, nos propusimos guiarnos por nuestros referentes: sostener la orientación de la NEL y de la AMP. Continuamos con el trabajo hacia el Congreso, con nuestras Jornadas cartelizadas, con las Conversaciones sobre la Escuela que queremos, con las conversaciones desde la Acción Lacaniana con otros discursos y dar lugar a un espacio para el Instituto.  

También apostamos por un nuevo espacio: Efectos de la cuarentena en la práctica analítica. El directorio presentó trabajos, desde sus propias elaboraciones teóricas y clínicas en la virtualidad.

Mi pregunta, “Respecto a la presencia del analista en lo virtual ¿hasta dónde puede prestarse a ocupar el lugar vacío que aloje la consistencia lógica del objeto?”, sigue en pie, no sin constatar los efectos que pueden producirse al poder tomar la ocasión. Advertidos de su límite, pero sin ceder desde la causa. 

En ese espacio, María Cristina Giraldo fue invitada. Presentó “Las marcas de lo traumático”, trabajo en acto desde el deseo del analista, de los efectos de la práctica, de lo posible o no de la clínica. Temas de discusión para poner en la palestra lo que acontece, sin desvirtuar los principios que sostienen nuestra  práctica.

En mi criterio, algo se ha fortalecido con el empuje al trabajo de Escuela por esta vía. En una Escuela como la NEL, con distancias físicas tan extensas, la distancia social ha hecho que retomemos el contacto virtual con entusiasmo. Ha sido un efecto de vivificación, en el encuentro entre sus miembros, asociados y otros colegas que comparten la vida de Escuela.  Ha servido como un anudamiento en más entre lo Imaginario y lo Simbólico, (y lo Real), encuentro que ha posibilitado un deseo por la causa analítica en una transferencia con una Escuela que nos saca de la inercia.