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El control durante la pandemia: Punto vivo en la formación del analista
Martha Carolina Forero

Agradezco profundamente la invitación del Comité Ejecutivo de recoger un punto vivo del deseo de control y sus efectos en la clínica en la coyuntura actual, a partir de la cual surgen para mí dos resonancias: lo vivo del control en la Escuela Una, donde la verificación del acto del analista está orientado desde la ética y lo real de la pulsión. Para Laurent “es desde el interior mismo del discurso analítico que proviene el deseo de pedir un control, en un punto donde deber y deseo se anudan”.[1]

El punto vivo resuena como la letra viva de nuestra marca singular de goce, que se anuda a la práctica a través del análisis de lo indecible del deseo del analista y que retumba en el cuerpo una y otra vez hasta que sea escuchado, bordeado y anudado.

La contingencia de la pandemia ha sido una oportunidad para preguntarme sobre el destino de la formación, por cómo la Escuela podrá seguir garantizando los espacios para que sea verificable el acto, e incluso de que manera será posible reconocer lo que será imposible de producir en un análisis durante este periodo.

Para tratar de transmitir algo de esta experiencia, traigo una viñeta:

Durante la cuarentena M., retoma las sesiones por video llamada. Hasta ese momento, diré que, aparte de un diagnóstico médico que ella nombraba como “estable”, su trabajo se había orientado a lidiar de mejor manera con un sentimiento de opresión, culpa y borramiento de sí misma, aun cuando en ciertos ámbitos de su vida había sido una profesional reconocida y exitosa, al costo de una vida de sacrificio sin medida. De otro lado, su división subjetiva quedaba marcada por un aspecto de una vida secreta, de mujer oscura, con la que se enfrentaba desde un tiránico juicio superyoico.

El objeto voz se había identificado como central en el transcurso de este trayecto analítico, en su silenciamiento, encerrada en una voz sumisa e indiferenciada, a la que paulatinamente da rienda suelta en el arte, lo que fue alojando bajo transferencia.

Durante las sesiones virtuales sorprende a la analista diciendo que ha decidido dejar el tratamiento médico. Los efectos secundarios se volvieron insoportables y los resultados arrojaban que la enfermedad avanzaba sin tregua, por lo que le proponían un tratamiento más agresivo. Ante esto dirá: “no digo quiero morir, digo no quiero vivir así…”. Era una decisión; me aclara que no me lo estaba consultando. Hablaba de poder dejarlo casi todo, a un punto que podría nombrar hoy como inhumano; esto convoca al silencio, no sin angustia de la analista y precipita al control.

¿De qué acto se trata?

En el control bastó una pregunta para hacer resonar el S1 que hace resistencia: ¿lo que le interroga es verla tan suelta? Si. Escuchar la voz de Una-mujer-suelta, que consiente a su rasgo oscuro para hacer las elecciones que le permitieron asumir la dignidad de su vida y de su muerte.

Vicente Palomera, en su testimonio “El Pase y el Control”, dice que “el control apunta a la relación del sujeto respecto al acto, más que el acto mismo que está en juego” [2].

En cuanto al deseo del analista, lo que de allí decanto es que el control, a pesar de la virtualidad apunta al mismo lugar: a la orientación por lo real, que anudado al propio análisis permitió soltar el sentido, soltar la voz y separarla del ideal de la muerte políticamente correcta que se imponía y de las identificaciones que allí se anidaban. La escucha silente no inhibida, implicó consentir a la posición de resto de esta operación y tuvo un efecto inédito en lectura del silencio, de este silencio, como un acto.

NOTAS

  1. Laurent, É., (2000) “Su control y el nuestro”. Freudiana 30. Barcelona
  2. Palomera, V., “El Pase y el Control”. Versión on line: Blog de la Amp. Biblioteca del Pase.