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Texto para la 2ª. “Noche de Garantía”
Marita Hamann - AME

¿Cuáles son las incidencias y efectos de formación de su designación como AME en la Escuela y en la Sede/Delegación a la que permanece?

Brevemente, ante la cuestión acerca de lo que discierne la Comisión de Garantía, J.-A. Miller responde: “Es el modo bajo el cual nuestro grupo analítico se hace representar en el discurso del amo en tanto que se constituye en asociación legal”[i]. Con la nominación de AME, de una parte, la Escuela garantiza la práctica de aquellos que se orientan en sus principios, es decir, no se rehúsa a hacerlo, siendo que, como sabemos, no hay garantía asegurada ni, mucho menos, modelo a seguir. De otra parte, la Escuela responde al discurso del amo nombrando a algunos de sus integrantes como analistas provenientes de la formación que imparte. Pero, como sabemos también, la formación del analista es permanente, no puede darse nunca por acabada y carece de sentido presentarse en lo social portando el título de AME porque, salvo para quienes pertenecen a la Escuela, ese título es un galimatías. De manera que la nominación es una paradoja; es irónica, como se ha dicho.

Hace diez años, J.-A. Miller comentaba en su curso que, según J. Lacan, se reclutaba como AME a aquellos que, de alguna manera, parecían “formar bien parte del paisaje”[ii], lo que implica que la función se sostiene de un semblante. Fue a continuación que se decidió reclutarlos por los controles que practican y ejercen, es decir, confirmando una relación con la causa analítica de la que ya se ha dado cuenta siendo reconocida por algunos. No obstante, cuando acontece, no deja de ser un tanto misteriosa y sorpresiva: ¿qué ha dado lugar a ella? Y es que no puede ser de otro modo; cada uno lo interpreta como puede pero no hay manera de identificarse con ella aunque, eventualmente, uno quede más o menos identificado, en el sentido de nombrado. Sin embargo, no podría expresarse sino en acto. Quiero decir: uno no interviene en la comunidad de trabajo de la Escuela “como” AME ni en tanto que AME espera o solicita alguna cosa. De hecho, como expresó José Fernando Velázquez en la primera Noche de Garantía, ninguno de los AME de su sede es comparable al otro. La enunciación es siempre del uno por uno y depende de la relación que cada cual sostenga con la causa que lo habita. A su vez, esa causa constante no se expresa tampoco siempre de la misma forma en cada uno a lo largo del tiempo. Tal como respondiera el año pasado cuando se nos pidiera contestar por escrito a la pregunta “¿Cuál ha sido y es en la actualidad tu función como AME? -Con relación a la formación, la práctica y el control”, como dije, no trabajaría menos ni habría cedido en algo en mi formación si no la portara. Tampoco es algo en lo que piense cuando intervengo en las actividades en las que me involucro. Por otro lado, como dice J.-A. Miller en el texto que cité inicialmente, los AME, esas patas sociales de la Escuela: “en relación al discurso del amo, los psicoanalistas ‘en el uno por uno’ se eclipsan y no se presentan sino bajo la forma de conjuntos”[iii], un conjunto, este sí, que pueda ser identificado con la orientación lacaniana.

Entonces, ¿cómo responder a la pregunta que nos convoca ahora? (“¿Cuáles son las incidencias y efectos de formación de su designación como AME en la Escuela y en la Sede/Delegación a la que pertenece?”). Es problemático. La cuestión lo es tanto más por cuanto rara vez se me ha solicitado participar en algún evento de la Escuela apelando expresamente a ese título.

Inicialmente, confieso que cuando recibí la pregunta que ahora nos reúne, pensé que habrían de ser otros quienes respondieran por eso. Sin duda, espero haber tenido alguna incidencia en mi sede y en mi Escuela y haber contribuido a su progreso, es mi deseo que así haya sido, pero no será por haber intervenido en ella de alguna manera particular o diferente luego de la designación. Ni creo, tampoco, que el lazo forjado con los colegas dependa de esa nominación. En suma, me dije que desviar la pregunta hacia los otros tampoco, necesariamente, daría cuenta de lo que ha sido esa nominación en tanto que tal.

Como cada concepto en nuestra Escuela, la designación es abierta, paradójica, inacabada y hasta cierto punto inasible. Pienso que, en buena cuenta, no puede funcionar al interior de la Escuela sino agujereándola, es decir, poniendo de manifiesto cierta inconsistencia del devenir analista miembro de la Escuela. Nuestros principios son rigurosos y lógicos pero la teoría que surge de su práctica es inconsistente y eso, aunque parece fácil de decir y hasta se suponga fácil de comprender, no siempre es fácil de soportar. El AME, desde este ángulo, manifiesta esa inconsistencia y cuestiona, en acto, los ideales. Algo, sin embargo, se transmite al conjunto con cada nominación, aguijoneando la causa que nos vincula con el psicoanálisis y alentando la continuidad de la formación y del control para ser parte de la Escuela y asegurar en lo posible la pervivencia del psicoanálisis. Vale decir, tiene efectos imaginarios, simbólicos y quizás reales; efectos e incidencias variables y diversos, de todos modos.

Dicho lo anterior, celebro, no obstante, que la Escuela agite a sus analistas y haga uso de ellos para recordarles que ninguno puede refugiarse en su confort, que el deseo del analista no es neutral y que extimidad no es extraterritorialidad.

La función del AME es sostener, animar el vínculo con el discurso analítico según la orientación lacaniana, dentro y fuera de la Escuela, entendiendo que se trata de una orientación que aspira a elevar al psicoanálisis a la altura de su época, es decir, acogiendo los temas que la contingencia releva. Que cada AME realice esa función según su estilo, de manera más o menos acorde a lo que se espera, es algo que, en principio, se da por descontado (aun cuando no fuera siempre el caso), puesto que, cuando se recibe la nominación, se nombra una función que ya se cumple; al menos, se confía en que sea así. Pero, también cuenta que la Escuela no haga solo un uso tácito de sus AME.

Ser convocado explícitamente en tanto que AME, como ahora mismo para esta conversación, importa, para no hacer de esa nominación un título meramente formal. Importa “hacer existir esa función” como dijera Lizbeth Ahumada en el encuentro del 11 de abril. Le recuerda al AME su responsabilidad respecto del progreso de la Escuela y aviva el uso de su función.

Para terminar, pienso que, en la actualidad, hay al menos tres temas que conciernen al conjunto de la Escuela y especialmente al AME. Primero, en cuanto al desempeño del CID y el INES, lo que implica calar en la responsabilidad que tenemos respecto de la formación que impartimos; segundo, respecto a las encrucijadas del analista virtual contemporáneo; y tercero, pero no menos importante, el lugar de Zadig LML en la NEL.

Dejo aquí la cuestión abierta.

Gracias.

9 de julio de 2020

NOTAS

  1. Miller, J.-A.; “Question d’École : Propos sur la Garantie du 21-01-2017”, Hebdo Blog 94, 29 de enero de 2017, https://www.hebdo-blog.fr/jazm/
  2. Miller, J.-A.; Vie de Lacan, Onzième cours, Mercredi 19 mai 2010, inédito.
  3. Miller, J.-A.; “Question d’École”, op. cit.