NOVEDADES EDITORIALES
Bitácora Lacaniana
Bitácora Lacaniana
Factor @
a-ritmo propio
Cuadernos del INES N°14
Seminarios Jacques-Alain Miller en Caracas y Bogotá
Lacan XXI
Lacan Cotidiano la movida Zadig Radio Lacan Latigo Infancia y Juventud
DE INTERÉS
La nominación de AME, una interpretación de la Escuela
Ángela Fischer - AME

Parto del axioma formulado por JAM en Teoría de Turín acerca del sujeto de la Escuela; nos dice “en una Escuela todo es de orden analítico”, por lo tanto, la nominación de AME de parte de la Comisión de la Garantía fue para mí del orden de una interpretación, que si bien apunta a la práctica del psicoanálisis, resonó en mí, en tanto analizante, a la soledad subjetiva, soledad que remite a la relación que cada sujeto tiene con su deseo, su posición de goce así como su relación con la causa analítica y su trabajo en la Escuela.

En dicha resonancia a la soledad subjetiva, también resonó para mí el “autorizarse de sí mismo” que Lacan postula como un principio en la proposición del 9 de octubre de 1967, al referirse sobre el Psicoanalista de la Escuela, aquí Lacan plantea dicho principio: “el psicoanalista solo se autoriza a partir de él mismo, este principio esta inscripto en los textos originales de la Escuela y decide su posición”.

El autorizarse de sí mismo ya indica que es sin Otro, en el curso “El lugar y el lazo”, JAM propone escribir el sí mismo como S A tachado. Esa S que ex–siste, que es imposible de negativizar y que `por ello adquiere valor de real, es lo que en esta fórmula da lugar al autorizarse de sí mismo, porque procede de toda anulación de toda garantía que vendría del Otro y por ello habita radicalmente fuera del Otro.

En un texto de Silvia Salman presentado en Barcelona 2019 se plantea que la pregunta por el autorizarse de sí mismo es crucial para captar de donde surge el autorizarse.

Nos dice: “¿Es un significante? ¿Es el objeto? ¿o se trata de un goce?”. Probablemente, el autorizarse que se practica a partir de un significante amo en la vertiente del ideal no es del mismo orden que el que se practica a partir del objeto en la dimensión del fantasma. Y ¿qué sería el autorizarse de sí mismo que se practica según la formula de un goce que el análisis puede cernir y escribir?

Este último se distingue de los anteriores porque no desmiente la ausencia de la no relación sexual, y se refiere al Uno que cada uno es. Señala S Salman: “entonces la autoridad auténtica (así la llama ella) es la autoridad del sinthome, la del propio anudamiento sintomático, invención de cada sujeto frente a lo imposible de la relación sexual”.

La pregunta es desde qué lugar uno se autoriza, cuya respuesta dependerá del trayecto analítico del sujeto, de su práctica como analista y de su lugar en la Escuela. Me parece importante tratar de contestar y bordear alguna repuesta, que tendrá un valor distinto para cada uno, y con efectos singulares para su lugar y trabajo en la Escuela. En el caso del AME, la Escuela garantiza que un psicoanalista surge de la formación y el analista puede querer esa garantía, una garantía del orden de lo analítico, es decir, viene la nominación desde el lugar de Otro inconsistente, S A tachado, vale para el AP, analista practicante, y el AE es el que mejor testimonia de dicha inconsistencia en relación a su formación, a su práctica y a su relación con la Escuela, pero también implica al AME, en tanto que el horizonte de la Escuela es en relación a la inconsistencia del Otro, a la lógica del No todo.

Es a partir de entender que la nominación de AME señala la relación de autorizarse de sí mismo con la Escuela, que el AME responde por un lado con la responsabilidad de mantener su formación como analista, y, por otro, con la responsabilidad de mantener su posición como analizante y miembro de la Escuela. Se entiende un miembro como sujeto, un sujeto que sostiene el psicoanálisis también fuera del ámbito de la Escuela, en lo social y con otros discursos.

Constituir las soledades en comunidad de Escuela no es otra cosa que subjetivarla, efecto paradojal, entre el Uno de cada sujeto y la Escuela, pero esta paradoja mantiene el vacío de la falta de significante: “qué es un analista”, así como la inconsistencia del Otro. Como analizantes de la Escuela debemos mantener siempre esa hiancia, ese vacío, así como el real de nuestra formación y nuestra posición en la Escuela.