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Del Otro, al desapego de sí mismo

Por Raquel Cors Ulloa

Cuando nos pusimos a pensar, junto a Clara Holguín, sobre la arquitectura epistémica para el SFL, propusimos interrogar un empalme posible entre dos temas que como el agua y el aceite, no se unen. Y, por ese litoral, intentamos tejer con los hilos de los temas que nos convocan al VIII ENAPOL y al XI Congreso de la AMP. Por supuesto que de entrada, no hay una articulación explícita entre los asuntos de familia y la psicosis ordinaria. Sin embargo, la respuesta estaba en mis narices, "El sentido del síntoma, – enseña Lacan – depende del porvenir de lo real".[1]

Lacan en "La tercera", cuando a propósito del síntoma, se refiere a las tres famosas virtudes teologales, (que son la fe, la esperanza y la caridad) nos dice claramente lasciate ogni speranza. (En el noveno verso del Canto Tercero de su Divina Comedia, transcribe el Dante la leyenda que figura inscrita en la entrada misma del Infierno: Lasciate ogni speranza, voi ch'intrate. En el Infierno no existen prohibiciones –reservadas de modo natural al mundo de los vivos–, tan sólo avisos. Abandonen toda esperanza quienes entren aquí, se dice; y además se dice en piedra).Debo decirles, que esto ¡despierta! Allí mismo, en "La tercera", señala que "lo único que está al alcance de la mano es la letra".[2] Lo cierto es que mientras la dialéctica se desplaza, lo real, intacto, fijo, inerte, vuelve al mismo lugar.

Con esto les propongo, que para este SFL de la NEL, hagamos como con la carta robada, es decir, que ella se desplace transformando a su momentáneo propietario. Así como nos enseña el dispositivo analítico, cuando invitamos a alguien a que asocie libremente y le pedimos que lo haga sin pensar demasiado en lo que dice; si así lo hacemos en la escucha analítica, es para entrar al sujeto del inconsciente: donde ya no se trata del sujeto que piensa, ni en lo que piensa, sino de un sujeto del ICS en tanto no piensa lo que dice, pues ahí se trata de un saber sin sujeto.

 

Saber

Cuando Miller se dirigía a los analistas, (en París, en el Congreso del año 2014) señaló que más allá de analizar al parlêtre, tenemos pendiente saber decirlo. Entiendo que con esto, a lo que se apunta, es al saber del síntoma — pero no solo al síntoma vinculado a las escorias heredadas del Otro, sino a lo que está detrás de las identificaciones, y solo surge cuando falla esa identificación primordial; poniéndose de manifiesto que un sujeto no es el amo de lo que "es", y no le basta su "yo pienso, entonces soy". Pues resulta que hay una respuesta que dice así: "No eres el que tú piensas que eres". Encontramos algo de esto en el curso de Miller La experiencia de lo real[3] cuando se interroga sobre la "resistencia" de lo real en psicoanálisis, en tanto se trata de la experiencia de los límites del psicoanálisis. Y aquí podemos volver a "La tercera", donde Lacan se pregunta si ¿el psicoanálisis, es un síntoma?[4]

Si en psicoanálisis algo se aprehende (del latín apprehendĕre) es lo que se desprende — del Otro y de sí mismo. Pues hay un desapego del ser, del yo pienso de las identificaciones, del cuerpo imaginario, del objeto, del fantasma. Lacan enseña, en acto, lo que es ir contra sí mismo, no obtura sus conceptos, no los hace eternos, no hace una bolita como los erizos; sino que desbroza un camino aporético, no conclusivo, ni exitoso. Por su parte, Miller hace un desgarro del tejido de Lacan, y esto trae consigo un nuevo estatuto del goce, no sin el Otro, no sin el Uno. Es con estas hilachas que nos rompemos la cabeza en la última enseñanza, que apenas inicia.

 

El Otro no es sin el Uno

No se puede "saber" algo de lo Uno sin pasar por el Otro, pues si construimos las ficciones y un destino es con la lengua del Otro, necesitamos pasar por el Otro para que el síntoma hable. Un Otro, que en su momento puede ser un analista: el analista en una posición advertida de sus pasiones, un lugar que se ofrece para alojar algo del objeto que trae cada sujeto, un lazo transferencial para la lógica de la neurosis o la psicosis. La experiencia analítica, orienta su dirección por lo que propone un goce, el del cuerpo propio, pues cada uno goza de su cuerpo, del cuerpo que por "sí mismo" dispone.

Es sólo por la vía de lo Uno, del goce, que se puede acceder a un cuerpo viviente, en tanto ese cuerpo, ese goce, se diferencia de otros. Por eso, en psicoanálisis se trata de un cuerpo que se-goza. Y si bien decimos que no hay goce del Otro, que no hay Otro del Otro, es para decir, – sin concluir – que Hay de lo Uno, pero, no nos olvidemos que no es sin el Otro. No hay Uno sin Otro y no hay Otro sin Uno.

Estas vueltas de la última enseñanza, no son una operación milagrosa sin la lengua, pues es "necesario alimentar la necedad".[5] Y es que es difícil no hablar neciamente del lenguaje. Si bien a partir del momento en que uno habla, se determina que algo sea, eso no basta para que algo exista. En psicoanálisis le damos su estatuto a la "existencia" porque ser y existir no son lo mismo. Un análisis, se topa con el problema de que ni el objeto a, ni el "ser", nos llevan a ese punto de existencia, ya que ambos – objeto a y ser – son semblantes, sombras y reflejos.

 

Hay el goce

¿Cómo decir lo que no-hay? Lo decimos todo el tiempo, gracias al síntoma. No-hay relación sexual, no hay dos, no hay "ellos" hombre y mujer. Ellos dos no hacen una relación. Por lo tanto, decir que hay Uno, significa que no hay dos, (en francés se escucha mejor esta homofonía entre "deux" dos y "eux" ellos). Hay Uno, quiere decir que hay goce.

¿Por qué no se accede al dos, al Otro? O mejor aún ¿Por qué no se accede al cuerpo del Otro? Nadie mejor que Sade supo transmitirnos esto, y es que solo se puede gozar de una parte del cuerpo del otro, pues si se goza, es No-todo el cuerpo del otro, sino una parte.

Sobre esto, Miller, que suele aclarar las cosas, se plantea una pregunta: "¿Por qué lo llamamos el campo del Otro, si podríamos llamarlo el campo del Uno?".[6] Y es que es allí, en el campo del Otro, donde se verifica lo irreductible del objeto a al Uno. Este campo del Otro, escapa – precisamente – a la unidad. El campo del Otro no tiene toda su ley en el Uno. Por lo tanto, si hay algo del goce de cada uno, es porque hay de lo Uno. Es decir que el goce es lo Uno. No es el Otro.

Y no se trata del Otro, sino del cuerpo propio, de ese pedacito del goce de cada uno. Como dice Lacan en la tercera parte del Seminario 19, se trata de "El Uno: que no accede al dos", y es cuando nos encontramos en el campo de lo "Uniano", que precisamente en este contexto, podríamos oponer al campo del Otro.

Entonces, volvamos nuestra atención por lo que se escucha es ese "se goza", que solo puede Suponerse gracias al lenguaje, gracias al Otro con mayúscula, gracias a las resonancias de lalengua (escrita toda junta) que afecta al cuerpo de cada ser hablante.

 

Cuerpo lacaniano, por sí mismo

El estatuto de cuerpo lacaniano, en la última enseñanza de Lacan, va más allá del sí mismo, del narcisismo, los ideales, el significante y los efectos de goce en el cuerpo. En la segunda enseñanza de Lacan el cuerpo ya no es definido por el atractivo que ejerce la imagen de sí, ya no se reduce a esa imagen, ni al sostén del Estadio del espejo; sino que ahora se trata de un cuerpo que se vuelve soporte del goce. Para decirlo con Éric Laurent, que trabaja este punto de la última enseñanza, en su reciente libro sobre El reverso de la biopolítica,[7] podemos decir, que el cuerpo del que se trata hoy, es el de la carne.

Entonces, si el goce ya no-es una significación; y el síntoma ya no-es un efecto de sentido, ¿qué es? Cada analista, cada AE, dice algo de esto al final de su análisis. Y Lacan nos lo señala, cuando se refiere al acontecimiento de cuerpo,[8] un grito primario, previo al lenguaje, Uno, sin dos. Que solo se lee a partir de la lógica, de cierto uso del "significante matemático" que no es el "significante retórico". El significante matemático, dice Miller, (en El ser y el Uno) sirve para contornear, cercar, y atrapar el goce.

Es sabido, que no hay garantías, Lacan nos lo transmite a partir del axioma Hay Uno, (que como señalaba Miquel Bassols en el Congreso de Río 2016), Hay Uno "es un misterio – que como alma en pena – persiste y perdura sin ser resuelto".[9] Lo cierto es que no tenemos otra morada que el misterio del inconsciente, que el lenguaje mismo. Así como nos enseña, cada día, la orientación lacaniana, en su clínica, episteme y política, siempre y cuando nuestra brújula se centre en el síntoma y sus dificultades lógicas: ya sea como una formación del inconsciente, ya sea como alojado en lo real, ya sea como un semblante. Por fortuna, en buena hora, y lejos del cinismo, el psicoanálisis no solo sabe decir sino hacer. Lo enseña el sinthome: cuando se presenta como un más uno, cuarto redondel, anudamiento — que puede suplir, o puede fallar. Y por estas variaciones clínicas, nos aggiornamos en los asuntos de familia, las psicosis, e incluso en la Escuela. Como dice Juanqui Indart, "Dada la obturación una Escuela se cierra aunque parezca abierta, y se duerme aunque parezca despierta".[10]

 

Enseñanzas epistémicas de la experiencia analítica

Para ir concluyendo, en la apertura de este Seminario de Formación Lacaniana prefiero considerar las enseñanzas epistémicas de la experiencia analítica, para no quedar suspendida en la eternidad del discurso universitario, ni las historias del amo y su histérica — pues son temas sin salida. Por lo tanto aprendamos de Sócrates, a quien no le importó la seducción de Alcibiades. La práctica analítica, no es una práctica cualquiera, es una pragmática del goce, de lo Uno que hay, de lo funcional del síntoma, un síntoma que ni se nutre, ni se prolifera; "como se creía antes, por siglos… cuando se creía que todo era posible".[11] Si ese fuese nuestro camino, el psicoanálisis sería un éxito, y se extinguiría a no ser más que un síntoma olvidado, libre de lo real, y entonces cualquier cosa podría esperarse.

Quizá nuestro camino, a propósito de los tiempos que corren, como señala Miller en su Curso Todo el mundo es loco, —son tiempos en los que "hay que saber correr y hay que saber hacer una pausa".[12] Entonces, habrá que recorrer el camino, hacer con la cruz ante la carreta, no sin lo que anda mal, no sin lo que se repite, al estorbar ese andar de cada uno.

 

Desapego

Dice Miller en "El ser y el Uno", que Lacan, al final de su enseñanza, cuando se acercaba el final de su existencia y no hablaba más… tomó la posición contraria que él mismo había argumentado por décadas. Es decir que Lacan en la última enseñanza, "se desapegó de sí mismo".[13]

Este es el punto en el que quisiera detenerme para interrogarme junto con ustedes y junto a mis colegas María Hortensia y Mercedes: ¿cómo hacer sobre el goce a partir del campo del Otro? Que sabemos no existe, pero funciona. Si bien es cierto que en nuestra práctica y en nuestro análisis nos topamos, cada vez, con las relaciones del objeto a y el goce, también es cierto que del Otro al desapego de sí mismo, hay que saber decirlo. Sin imitar a Lacan.

22 de Abril de 2017

NOTAS

  1. Lacan, J., "La tercera", Intervenciones y Textos, Manantial, Buenos Aires, 1998, p. 85.
  2. Lacan, J., "La tercera", p. 95.
  3. Miller, J.-A., "La resistencia inaugural", La experiencia de lo real en la cura psicoanalítica, Paidós, Buenos Aires, 2003, p. 55.
  4. Lacan, J., "La tercera", p. 84
  5. Lacan, J., "A Jakobson", El Seminario, libro 20, Aun, Paidós, Buenos Aires, 2003, p. 23.
  6. Referencias del Seminario libro 19 …o peor, Petrópolis, Ed. KBR, Publicación de la EBP, 2013, p. 215.
  7. Laurent, É., El reverso de la biopolítica, Grama, Buenos Aires, 2016.
  8. Miller J.-A., Biología lacaniana y acontecimiento de cuerpo, Buenos Aires, Colección Diva, 2002, p. 75.
  9. Bassols, M., La sustancia gozante, disponible en: http://ampblog2006.blogspot.cl/2016/05/la-sustancia-gozante-i-por-miquel.html
  10. Indart, J., "S(A/) y la Escuela Una", Lacaniana Nº10, Buenos Aires, Publicación de la EOL, 2010, p. 42.
  11. Lacan, J., "La tercera", p. 82
  12. Miller, J.-A., "Los tiempos que corren", Todo el mundo es loco, Buenos Aires, Paidós, 2015, p.11.
  13. Miller, J.-A., El ser y el Uno, inédito.