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Vector Político
Seminario de Textos Políticos
(STP)
El pase y la práctica: de-mostrar momentos

Por Gloria González

¿Cómo hablar de la incidencia, de la determinación del pase en la práctica, cuando aún no se ha producido ese pasar? El analista va tomando forma en el proceso lógico que es su análisis, experiencia de vaciamientos, desplazamientos, caídas, invenciones que a la manera de ensayo y error funcionan por un tiempo hasta que una modificación, una mutación viene a remplazarlas. Esto es lo propio de un proceso y podría ser suficiente para incidir en la práctica, entonces, ¿por qué hablar del pase? Por qué no decir sencillamente que a medida que avanza un análisis hay efectos en la practica analítica?

Ante esta pregunta resuenan para mí las palabras de Miller cuando en Intervención sobre el mutualismo afirma: "El pase, respecto de nuestra práctica del psicoanálisis, es coherente con, solidario, inseparable" y más adelante en el mismo texto dice: "Hay pase todo el tiempo" (P 64).

Que no se trate en mi caso de los efectos del momento de concluir, no me impide pensar algunos posibles efectos de instantes de ver y de tiempos para comprender, así puedo pensar lo que prefiero llamar aquí el horizonte del pase, o el pase en el centro de la experiencia, como un método de demostración de los distintos momentos que se van produciendo en el trayecto analítico, así como en la vida de la Escuela y más particularmente de la sede que hoy dirijo.

Tener el pase en el centro de la experiencia nos pone en posición de analizantes de nuestro propio análisis. Introduce una lógica que tiene un punto de tope, un cierre, aún a sabiendas de que ese cierre podría volver a abrirse más adelante, contingentemente. Pero es una lógica que conduce a la aceptación de lo imposible – lo que no se puede representar, ni interpretar, ni comunicar – y en ese sentido, ese punto de tope se diferencia de lo que sería un punto de capitón que siempre puede abrir a nuevos sentidos. Esta lógica pone fin a la metonimia infinita y en mi caso, a la posibilidad de perderme en las palabras, me lleva a recortar, a aislar trozosMi abuela tenía una máquina de coser en la que unía retazos. Esos pedazos aparentemente inservibles formaban colchas que arropaban, creo que este fue mi primer acercamiento a la dimensión pragmática, aprender a hacer algo útil con pequeños trozos. Hoy recojo los pedazos que el analista ayuda a recortar, anudo o desanudo y eso se traduce en mi práctica, como modo de operar y en el devenir de mi sede, donde procuro hacer con lo que tengo a mi alcance y sirviéndome del deseo que constato en mis colegas.

En la Escuela de Lacan, el análisis que moviliza la libido, la vacía, la desplaza, le da otros usos, cuenta además con el pase, como método para pensar permanentemente la relación con nuestro propio inconsciente y con la Escuela. Implica un querer pasar…por el Otro, que para mi es equivalente, por el momento, a un querer contar. Querer contar como analista de una Escuela, para el Otro de la comunidad, y querer contar con los otros analistas para el sostenimiento de una transferencia de trabajo.

Ser analista de una Escuela que concibe que "hay pase todo el tiempo", es poder estar a la altura de interpretarla, de orientarse por su síntoma y de hacer consistir el vacío de saber acerca de lo que es un analista. Servirme de ese vacío me ha llevado a querer avivar el trabajo de Escuela y en especial a enfocarme en el interés por la práctica que realizamos tanto miembros como asociados. El hecho de que nos hayamos reunido estos días en Bogotá las tres sedes de Colombia, alrededor del tema de la práctica y a conversar sobre la clínica y el pase, es una muestra de ello.

Querer contar como presencia viva para mis pacientes, es una forma de hacer con ese no-deseo de curar que prevalece para nosotros. No-deseo de curar que nos ubica en una posición radicalmente opuesta a la del psicoterapeuta. Nos conduce a leer en lugar de comprender y a acompañar construcciones que bordean, sin pretender llenar, el agujero de saber que está en el centro de nuestra práctica. Forma de contar diferente de aquella en la que fantasmáticamente creía contar para el Otro.

La perspectiva del pase, es algo que quizás podamos hacer equivaler a la perspectiva de lo real, más exactamente, de un real. Nos hace estar atentos al momento de nuestra formación y por tanto, al lugar que como analistas tenemos en la práctica y en la Escuela. Si bien el análisis conduce a asumir un imposible de saber y de decir, a no esperar ni querer dar la última palabra, la perspectiva del pase mueve a querer extraer de ese imposible un saber que se pueda pasar.

Como dice un cantautor español[1], "yo vengo de un silencio antiguo y muy largo", el análisis ha sido una forma de romperlo, deseo que no sea la única.

NOTAS

  1. Raimon: Jo vinc d´un silenci.