NOVEDADES EDITORIALES
Bitácora Lacaniana
Bitácora Lacaniana
The Wannabe
Cuadernos del INES N°11
Seminarios Jacques-Alain Miller en Caracas y Bogotá
Radio Lacan Lacan Cotidiano la movida Zadig The Wannabe Latigazo Infancia y Juventud
NOVEDADES
La NEL Hacia el Congreso
Desórdenes, signos y síntomas discretos
Stella Cortés, María Solita Quijano, Marian Brando, Clara María Holguín, Clara Janeth Suárez y Gloria María González

El eje que nos ha sido asignado para este trabajo, nos llevó a interrogar el estatuto de los llamados Desórdenes, signos y síntomas discretos. Nos hemos servido de cuatro textos del papers No. 2, de escritos varios sobre el tema del próximo Congreso de la AMP, y del escrito de Miller, que se constituye en referencia común sobre el tema: Efecto retorno sobre las psicosis ordinarias.

 

Desórdenes

En su contribución, Claudia Iddan plantea que el hecho de apropiarse de un cuerpo está en la base del pensamiento que constituye la adherencia a lo imaginario y de la fascinación ante la propia imagen. "Esta apropiación…enraíza el sentimiento de vida en el parletre". El Imaginario entonces, constituye el origen de la vida psíquica y es común a todo ser hablante, independientemente de su estructura.

Lo que viene en un segundo momento a ordenar este caos del mundo primario, es lo que llamamos el "orden simbólico", que confiere solidez a la inestabilidad imaginaria. En De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis (1958), Lacan señala que en ciertos casos puede haber "un desorden en la juntura íntima del sentimiento de la vida en el sujeto". Se trata del problema de la articulación entre lalengua y el cuerpo o entre el sentido y el goce.

En cuanto al concepto que nos ocupa, enunciar "juntura íntima", implica que la vida en los seres hablantes, sus lazos, sus pasiones y satisfacciones están hechos de piezas sueltas, que es necesario anudar.

Se trata de una juntura, que no se produce naturalmente, hay que hacerla. Hasta el año en que Lacan propone esto en De una cuestión.... el operador que realiza esa juntura es el falo, está articulado al A, lo que nos permite pensar que el yo como unidad imaginaria y el fantasma que vincula lo real y lo simbólico, constituyen una articulación en la que se asienta el sentimiento de la vida. Si hay un desorden habrá que buscarlo en esas piezas sueltas. La cuestión es aquello que permitiría producir esta juntura cuando no está el A, cuando no opera.

El Nombre del Padre y el semblante fálico se revelan cada vez más impotentes para regular los excesos de goce, pasando a ser una solución entre otras. Cada uno se encuentra frente a la tarea de construir su respuesta ante lo real. Como aclara Miller, lo que anudaría los registros en una psicosis ordinaria sería un elemento que sustituye al N del P "un sustituto sustituido…un "compensatory make–believe" que muestra los débiles arreglos del sujeto para afrontar lo real. "En cierta manera, el verdadero Nombre del Padre no vale más que eso, simplemente, es un make–believe que conviene más". De allí que la clínica de la psicosis ordinaria sea una clínica de más y de menos, de intensidades y tonalidades.

 

Sobre los signos

Con lo que contamos en la clínica es con signos discretos que vendrán a manifestarse en des-ordenes, des-enganches, allí donde la juntura falla y los anudamientos clásicos, el delirio fantasmatico o el delirio psicótico no se producen.

Son estos signos, los que sirven al analista para orientarse en la búsqueda de ese "Sense of life" al que Miller se refiere como algo difícil de definir y que podemos encontrarlo en "la juntura más íntima del acto sexual", en esa brecha en la que el cuerpo se descompone y donde el sujeto es llevado a inventarse lazos artificiales para ceñirse a su propio cuerpo, en la manera en que los sujetos sienten el mundo que los rodea y en la forma de referirse a sus propias ideas. La gran dificultad radica en que ese desorden no es exclusivo del sujeto psicótico y la época actual, de la inexistencia del Otro, es propicia para que se muestre el desorden en las distintas formas de goce. Además, estos indicios pueden confundirse con fenómenos de la neurosis, tales como desarreglos del cuerpo en la histeria o del pensamiento en la neurosis obsesiva.

Se trata de ubicar cómo aparecen estos signos en nuestro tiempo, ordenado por la lógica del todo y la excepción y poder pensar el asunto a partir de la lógica del no-todo. En otras palabras, si no es posible dar cuenta de la unificación de las piezas-cuerpo fragmentado y objeto (a) por la vía de lo I (yo) y de lo S (fantasma), nos encontramos con lo R como vía misma para hacerlo y no tenemos mas que signos. Signos que se manifiestan discretamente, como lo contrario de lo extraordinario, de lo excepcional, bajo la lógica del no-todo y, que no puedan ser vistos fácilmente pues corresponden a pequeños detalles, comunes, banales, que es preciso localizar y que pueden presentarse desde la infancia.

Francoise Ansermet, en el LC 595 llama la atención acerca de que "Si estos signos son discretos, sus consecuencias no lo son: mientras menos los reconocemos, más nos invaden; cuando se les reconoce, devienen tan evidentes que no podemos considerarlos más como discretos". Constituyen claves, particularmente valiosas porque aparecen bajo transferencia.

En este punto nos surge la pregunta por cómo entender aquí el signo, porque si bien Lacan tomó de Pierce la definición de que es "lo que representa algo para alguien", los signos de los que aquí hablamos no parecen estar dirigidos a alguien, no son un mensaje, parecen más bien constituir la marca de un goce invasivo, no localizado, fuera del sistema S-I. A diferencia del esquema saussuriano, donde el significado tiene efectos de sentido, este signo parece corresponder más bien a un S1 solo, como una letra con efectos de goce. Signo no articulado al Otro y que sin embargo es con lo que contamos para orientarnos en la P.O.

Así como el inconsciente requiere de la presencia del analista, estos signos no pueden prescindir de ella, pues en el ámbito social podrían pasar desapercibidos por lo ordinario de los mismos o constituirse en simples excentricidades o locuras. Se captan en el manejo singular del lenguaje, extrañezas y fenómenos respecto del cuerpo, ataques de angustia con efectos corporales , comportamientos que evidencian la dificultad para el sostenimiento de lazos sociales, impulsividad, desubicaciones temporales, identificaciones positivas muy marcadas que muestran la dependencia a un ser nombrado para… o a un pertenecer a…, o por el contrario identificaciones negativas que evidencian la dificultad que tiene el sujeto para ubicarse en su mundo, etc. Estos y otros signos que Miller organiza en tres externalidades, nos aproximan a esa especie de desarreglo con la propia existencia, de caos subjetivo.Habría que cuidarse de no constituir con ellos un manual de diagnóstico y estar atentos en la experiencia analítica a la sutileza con la que lo ordinario puede presentarse.

Cuando no contamos con lo simbólico, donde la defensa se cristaliza en significantes, tenemos que apuntar a pensar la manera en que lo significantes solos vienen a repercurtir en el cuerpo y lo marcan para constituir el cuerpo hablante. No hay relación sexual pero hay realción corporal (Piezas sueltas).

El desorden en la juntura se da para el ser hablante, la cuestion se juega en si contamos con la garantia del Otro o no. Si no contamos con ello, esas piezas sueltas se manifiestan bajo la forma de des-orden, síntomas (sin mediación fálica), signos discretos (un significantes solo que encarna goce).

Si bien la caída de los discursos tradicionales hace que esas claves o signos "se confundan con recursos generalizados a la manera de soluciones aparentemente normales", y que esto "obliga a distinguir el signo de las soluciones también llamadas discretas" vale considerar que en algunos casos el signo y la solución pueden coincidir, por ejemplo cuando se tiene una identificación positiva a un hobby, arte o profesión. Dicha identificación (por su grado de intensidad) puede ser un signo de externalidad social y sin embargo constituir él mismo una solución, incluso podríamos considerar si no sería preciso calificarlo de sinthome, por ej. como muestra uno de los papers: consolidarse en la identificación ser trabajador, o lo que puede producirse en transferencia tal como en uno de los casos trabajados para este espacio cuando el significante zángano, signo de una identificación negativa, y la convicción de ser invisible, pueden conmoverse al intervenir la analista diciendo "talento visible", cuyo efecto es un intento de identificación con el abuelo "trabajador". Por tanto, como considera Ansermet, tal vez lo que da su carácter de ordinario o de discreto a la psicosis, sea el tipo de solución con las que el sujeto se las arregla y el signo puede devenir discreto precisamente por la solución que opera. "De igual forma que podemos decir que hay signos discretos que no notamos, hay soluciones discretas en las que no reparamos".

Por tanto, las diferencias entre signo y solución, constituyen en este caso algo sutil y discreto que habría que examinar cuidadosamente en cada situación.

REFERENCIAS

  • Miller, J.A. Efecto retorno sobre la psicosis ordinaria
  • Iddan, Claudia. La externalidad: estar siempre mal situado
  • Holguín, Clara María. Los signos discretos de la psicosis ordinaria: una manera de escribir lo real.
  • Ansermet, Francoise. Paradojas de los signos discretos en la psicosis ordinaria, en Lacan Cotidiano No. 595