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La NEL Hacia el Congreso
Lo continuo y lo discontinuo. Tensiones y enfoques de una clínica múltiple.
Ana Viganó - NEL

La clínica psicoanalítica es una elucubración de saber basada en una práctica que recoge, al pie de la cama, signos obtenidos bajo transferencia. Las psicosis ordinarias como una nueva entidad clínica propuesta por Miller se corresponde con la perspectiva de no creer en el Otro de las clasificaciones[1], una no-categoría afín al continuum de fenómenos que parece avecinar las fronteras diagnósticas categóricas que se consideraban polarizadamente definidas. Pero más aún, es una propuesta que nos permite avanzar sobre el complejo punto de pensar una clínica -desde lo comparable de las presentaciones...-, sensible a la singularidad -...lo incomparable-.

 

Lo discontinuo y la consistencia del Otro

Hay cortes[2] es un axioma prevalente en la primera enseñanza de Lacan. El significante Nombre del Padre es un significante clave en términos de corte, tal como la idea de desencadenamiento que le corresponde. El Nombre-del-Padre se ubica como el Otro del Otro en tanto tiene una función destacada en el conjunto de los significantes: puede o no inscribirse y eso determina cierta legalidad. Su funcionamiento en la metáfora paterna permitiría la estabilización del goce en términos fálicos y la posibilidad de acceder a una experiencia de realidad común con otros: la neurosis. Su forclusión, en cambio, define la extensión de las psicosis con su desfile clásico de fenómenos clínicos.

 

No hay Otro del Otro

La perspectiva simbólica del síntoma como portador de un mensaje dirigido a un Otro, soportada en el retorno de lo reprimido y vuelto así una formación del inconsciente, tiene clara dimensión metafórica. El significante del síntoma viene al lugar del significante enigmático del trauma. La significación, inaccesible para el sujeto, queda fijada allí. El inconsciente, pero también el síntoma mismo estarían estructurados como un lenguaje y el síntoma podría resolverse enteramente en el campo del lenguaje. Mas la vertiente resistente de síntoma, constatada ya por Freud, objeta este ordenamiento. El establecimiento de la escritura de un agujero en lo simbólico bajo la forma S(A) -que vuelve al Otro incompleto e inconsistente- pone en estrecha articulación lo femenino con las distintas formas de pensar al Padre. Lacan introduce en el mar de los nombres propios, en el reino de los significantes que mortifican al sujeto, la problemática del goce como chispa de lo vivo y de aquello que no queda capturado bajo la perspectiva fálica. Se impone entonces una forclusión generalizada que afecta a todos los seres hablantes por el hecho de serlos: no hay relación sexual. Para el ser que habla existe un goce absolutamente inaccesible, el de la complementariedad de los sexos. La multiplicidad de goces posibles se sitúan en ese lugar del No-hay, como suplencias. Pero el axioma No hay relación sexual es solidario -más aún consecuencia- de otro axioma que orienta este movimiento: Hay de lo Uno.

 

Litoral, literal

Tendremos una nueva versión del síntoma: lo que del inconsciente puede traducirse por una letra. Escritura salvaje del Uno -S1 solo, ese Haiuno-, escritura que cava un vacío "pliegue siempre listo a acoger el goce"[3]. Es el Uno extraído de manera traumática por el aprendizaje que el sujeto ha sufrido de una lengua. La palabra encarnación sitúa el instante en que el significante uniano hace su entrada en la carne de manera contingente, abriendo lo humano de la vida como sustancia gozante. El precio de su existencia es dejar de ser lo que era -un significante- para existir al modo de sustancia gozante, como acontecimiento de cuerpo: fijación de goce que causa repetición; fijeza y resistencia que hace que no podamos considerar más a este síntoma una formación del inconsciente-cadena. Pero sigue siendo procedente de un inconsciente otro: del inconsciente enjambre de Unos, del que se goza justamente por la extracción de uno de esos Unos, que la letra del síntoma opera. El inconsciente enjambre no tiene sentido ni interpretación posible, siendo una versión de lo discontinuo por excelencia.

 

¿Cómo enlazar lo disyunto?

El nudo borromeo hace su entrada en la enseñanza con la característica que Lacan precisa para lo literal: tres redondeles anudados de manera tal que baste con que uno se suelte para que los demás se dispersen. Mas el nudo falla. El lapsus es inevitable puesto que R S I son letras disyuntas por definición, no pueden enlazarse por sí mismas.

Lacan abre una clínica de las reparaciones posibles a esos lapsus inevitables, sobre el fondo de lo discontinuo elemental inherente al Haiuno y al no hay relación sexual. Los lapsus del nudo hacen síntoma. El sinthome -como cuarto- sería la forma original de reparar esos lapsus, reanudando; habrá distintos tipos de reparación, distintos nudos. El psicoanálisis tiene lugar si algo de este saber arreglárselas sinthomático -que mantiene estable el nudo- se tropieza o desmorona. Allí un cierto despertar producto de un encuentro contingente con lo real, desencadena la estructura -cualquiera sea-. Este desencadenamiento da cuenta del síntoma en su estatuto de letra -fragmento de real, que no encadena-. Si este síntoma se dirige a un analista, la transferencia posibilita su tratamiento.

 

Bordear el agujero donde se aloja la vida que no cabe en el cuerpo.

La clínica borromea es una clínica flexible, sensible a las sutilezas y permite explorar las soluciones singulares que cada parlêtre ha encontrado para hacer su anudamiento -estructuralmente fallido-, como los tropiezos de los encuentros con lo real, los desencadenamientos, los desenganches y las posibilidades de reencadenamiento. La escritura nodal permite ubicar lo que da consistencia posible a los redondeles: el agujero. Así, la posición del analista requiere considerar el agujero en que se recorta un goce. Lo que permite la consistencia es mantener abierto ese vacío que cava la escritura del goce. Leer un síntoma -psicótico o neurótico, ordinario o no- implica "reducir el síntoma a su fórmula inicial, es decir al encuentro material de un significante y del cuerpo, al choque puro del lenguaje sobre el cuerpo."[4] Del choque al empalme singular; de lo discontinuo radical a la continuidad de un sentimiento de vida posible, en la juntura más íntima del sujeto. "La vida, es probable, reproduce, Dios sabe qué y por qué. Pero la respuesta solo se hace la pregunta donde no hay relación que sostenga la reproducción de la vida."[5] Se trata de poder ubicar sin la garantía del Otro ni el amparo del sentido esa porción de vida innombrable que no cabe en ningún cuerpo y hacerse responsable de ello. "El trabajo de ustedes [analistas] es captar la manera particular, insólita de dar sentido a las cosas, de dar sentido a la repetición de la vida."[6] Las psicosis ordinarias y las otras nos enseñan del continuum que implica la perspectiva de "equidad clínica entre los parlêtres"[7], aquella de la que Lacan pudo decir "todo el mundo es loco"[8], pero no sin la locura de cada uno.

NOTAS

  1. Bassols, M. "Elogio de las psicosis ordinarias". Desescrits. Disponible http://miquelbassols.blogspot.mx/2016/11/elogio-de-las-psicosis-ordinarias.html
  2. Milner, J.-C. La obra clara. Lacan, la ciencia, la filosofía. Buenos Aires, Manantial, 1996.
  3. Lacan, J. "Lituratierra", Otros escritos, Buenos Aires, Paidós, 2012.
  4. Miller, J.-A. "Leer un síntoma". AMP Blog. Disponible http://ampblog2006.blogspot.mx/2011/07/leer-un-sintoma-por-jacques-alain.html
  5. Lacan, J. "El atolondradicho", Otros escritos, op.cit., pag. 479.
  6. Miller, J.-A. "Efecto retorno sobre la psicosis ordinaria". Revista Consecuencias. Disponible http://www.revconsecuencias.com.ar/ediciones/015/template.php?file=arts/Alcances/Efecto-retorno-sobre-la-psicosis-ordinaria.html
  7. Holguín, C. "Los signos discretos de la psicosis ordinaria: una manera de escribir lo real". Papers 7.7.7. nº 2. Disponible https://congresoamp2018.com
  8. Lacan J., «LACAN pour Vincennes!», Ornicar ? nº 17-18, 1979, p. 278.