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Papers 5 - "Hacer todo perfecto"
Renato Andrade, NEL-Lima

Una mujer decide realizarse una operación estética con el fin de corregir un ligero defecto en su rostro alrededor de un borde, tratamiento de un real a través de lo real de una operación estética. El efecto es devastador, no lo puede nombrar ni precisar. No puede dormir ni comer, siente que algo no va.

Ella se había armado una vida a partir de la perfección: arreglarse muy bien, ser muy ordenada, hacer lo correcto, vestir y caminar bien. Esta aspiración a la perfección fue su modo de defensa frente a la interpretación 'maligna' –así lo entiende ella- que le lanzara su padre: Nunca vas a servir para nada.

Su caso nos enseña que en las psicosis ordinarias no hay lugar para lo imposible, como ocurre también en nuestra época, producto de la alianza entre el "discurso capitalista" y el "discurso de la ciencia"[1] -tal como lo señala Leonardo Gorostiza en uno de los textos del Papers n° 5. Por el contrario, la época ofrece tratar lo real del cuerpo, el goce imposible de negativizar, a través de lo 'real' –entre comillas- de las intervenciones sobre el cuerpo y las cirugías. El resultado es una des-localización del goce que produce una angustia que sobrepasa a la sujeto. En vano se mirará al espejo una y otra vez, hay algo distinto ahora, es una sensación diferente, evidenciando la certeza que caracteriza su estructura, aunque no pueda precisar qué es. Fue una invasión a mi cuerpo, no he debido haberlo hecho, se reprocha. Imperativo de perfección en la imagen consonante con una contemporaneidad que, a partir de los dispositivos electrónicos, promueve la transmutación de cada uno en "imagen digital" para alimentar ese goce-fantasmático-colectivo de un "panóptico inubicable", sin centro, límite ni exterior, que todo lo ve y "todo lo muestra"[2], tal como señala Marita Hamann en otro texto del Papers n° 5.

Afortunadamente la paciente no se deslizará a nuevas cirugías sino que tomará la vía del análisis, aunque no por mucho tiempo. Este trabajo en tanto sujeto de la palabra, breve y puntual, le permitirá tramitar el goce en una cadena significante, en una ficción, en un lazo al Otro, situándolo finalmente en la figura del padre -el Otro malo- y sus dichos, consiguiendo reorganizar de alguna manera su fallida unidad corporal donde se evidenciaba la "externalidad"[3] del cuerpo propio.

Sin embargo, cabe también preguntarse cómo esta mujer pudo sostenerse hasta entonces.

Realizar la perfección parece haber sido su solución frente a ese Otro que es como si se lo tragara a uno que fue su padre, tiránico, ofensivo y culpabilizador, cuyas frases padece a la manera del objeto voz: hacer todo perfecto, no sirves para nada.

Ella nos muestra cómo se padece la voz. Cuando a una frase no se le puede dar un sentido es una voz. El Nombre-del-Padre convierte las frases parentales en una pregunta por el deseo del Otro que habrá de ser interpretado, produciendo un deseo, una carretera principal, pero sobre todo la localización de su causa en el campo del Otro garantizando un lazo con él. Cuando no se dispone de este recurso simbólico, ese lazo languidece, se es libre de él, lo que quiere decir que se padece la presencia del objeto, en este caso la voz: ¡todo tiene que salir bien!, ¡burra!, etc. Es el objeto en "su bolsillo"[4].

Esta mujer, en el lugar del Nombre-del-Padre, se inventó un sentido para la vida, una vida en familia, que le garantiza un mínimo lazo, auténtico "make-believe-compensatory" o "como si"[5], del que nos habla Jacques-Alain Miller en Efecto retorno sobre la psicosis ordinaria. Acaso se trató de un yo no voy a dejar que tenga razón en acto, frase con la que muestra su rechazo al Otro con mayúscula, disimétrico, simbólico, que condicionaría también la relación con el analista y hasta quizá su abrupta salida del dispositivo. No es tanto que ella sea la que sabe, sino de su defensa frente al Otro que sabe, pues encarna la voz maligna que se lo traga a uno.

Algo empuja en ella, eso que quizá la empujó a la decisión que ahora lamenta, especie de 'orden de hierro' de la perfección que se asemeja, por su literalidad, a la de la identificación social positiva de algunos psicóticos ordinarios cuando encuentran su ser nombrado para, y por su intensidad, al mandato superyoico de los neuróticos contemporáneos.

Su intento por hacer existir la función fallida del Nombre-del-Padre fracasa, puede más ese punto de empuje que la arrastra a practicarse esa intervención quirúrgica en el cuerpo en consonancia con la época del 'soy como me veo'. Al no contar con el sentido fálico, no logra arreglárselas luego de la intervención en el cuerpo que no tiene, ya que no hay nadie para habitar el vestido.

Ni el 'hacer-creer-compensatorio' ni el Nombre-del-Padre alcanzan para recubrir el 'hueco' que todo encuentro contingente con lo real conlleva, real que cuestiona los 'bordes' con los que los sujetos tratamos de capturar el ser a través de las imágenes. En este caso, a través de una imagen 'perfecta'.

NOTAS

  1. Gorostiza L., «Capitalismo plus Ciencia», en Papers n° 5 Hacia Barcelona 2018: Las psicosis ordinarias y las otras, bajo transferencia, 2018.
  2. Hamann M., «La época de lo ordinario», en Papers n° 5 Hacia Barcelona 2018: Las psicosis ordinarias y las otras, bajo transferencia, 2018.
  3. Miller, J.-A., «Efecto retorno sobre la psicosis ordinaria», en Revista Freudiana n° 58, Barcelona 2010.
  4. Lacan, J., «Breve discurso a los psiquiatras», Inédito, 1967.
  5. Miller, J.-A., «Efecto retorno sobre la psicosis ordinaria», en Revista Freudiana n° 58, Barcelona 2010.