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Papers 5 - Una solución que permite vivir
Laura Benetti

"El amor es lo que se produce cuando cambiamos de discurso", decía Lacan. En Roma dio la conferencia "Del amor y de la lógica", cuya grabación se perdió. Al combinar términos aparentemente disímiles, la lógica misma se volvía erótica.
Catherine Millot. Página 12.

La paradoja del caso que comentamos se podría establecer de la siguiente manera: un orden de hierro da paso a un tratamiento que también contempla un orden de hierro.

La idea de que un analista introduce el amor para hacerlo valer como instrumento atraviesa el caso de cabo a rabo.

Bajo transferencia, entonces, un arreglo posible para esta jovencita.

Varias son las crisis que la joven ofrece desde los 8 años, todas ellas implican su cuerpo como superficie de mutilación, cortes y golpes, también agrede a golpes a su madre y a su hermano menor. La farsa del discurso del amo en fraternidad con el discurso universitario, clasifican a esta muchacha como una manipuladora. El sueño del sentido y el uso del control se expresan con marcada violencia en el caso. Se trata de ignorar la singularidad, de inventarse un problema y de usar la violencia como una forma de respuesta posible. Violencia por doquier.

En su texto "Niños violentos", J. A. Miller se propone hacer la pregunta sobre el estatuto de esa violencia y considera oportuno establecer, lo siguiente: "¿De qué pulsión la violencia, y especialmente la violencia en el niño, sería la satisfacción? Probaré esta respuesta: la violencia no es el sustituto de la pulsión, ella es la pulsión. No es el sustituto de una satisfacción pulsional. La violencia es la satisfacción de la pulsión de muerte".

Las palabras de la madre de la joven dejan saber que no contempla de manera alguna la posibilidad de responsabilizarse por no haber podido marcar con su deseo el cuerpo de su hija, de no haber conseguido libidinizar a la pequeña para ofrecerle una llegada a este mundo. Un solo de reproches salen de su boca: lleva una vida cortada de realizaciones profesionales a causa del nacimiento de su hija; ella es una víctima autocompasiva, muy actual. El arco va de "no la veía" a "detesto mirarla cuando está en su crisis". La señora la deja de lado y la culpa de sus meditadas frustraciones.

Por otra parte, el educador: un padre que presenta como rasgo distintivo el control y porta un saber en su faz más feroz. La golpea hasta el cansancio para detener sus autoagresiones. Ante a una exigencia de hospitalización por parte de la institución escolar y la psiquiatría, profiere con frialdad y firmeza : "me estoy preparando económicamente para una hospitalización". Voluntad del poder pedagógico que no llega nunca a tocar a su hija con ese deseo que podría haber propiciado alguna forma del encuentro o, tal vez, una pregunta que abriese a una posibilidad amable. Haciéndonos saber de su loca idea de dominio y de su propio imperativo despiadado, lo imposible no asoma por aquí. Es la sociedad de los genitores del nombrar para, imbuidos de los semblantes de autoridad, con misiones por cumplir desde ideales en franca expansión.

Jacques Alain Miller, en su texto "El niño y el saber", nos recuerda que "la virtud de los pedagogos es a menudo el revestimiento del goce que, incluso sin saberlo, puede ser calificado de sádico, con los efectos de angustia que produce sobre el educado."

La analista interviene con la potencia de su decir y declara: Angustia. "En respuesta a la angustia, se trata de escribir algo nuevo, algo que marque un lugar", nos propone E. Laurent en la página 255 de su libro El reverso de la biopolítica.

La analista subraya que se trata de escuchar en aquello que no habla para poder intervenir con una pausa o intervalo en los actos autoagresivos de la joven.

"Ciertamente, esta es la época de la angustia. Cuando la función NP se cumple, se verifica no solo por el reconocimiento de lo prohibido o de la amenaza, sino, fundamentalmente, porque el sujeto puede temperar la angustia", propone Marita Hamann en su texto siguiendo a Miller en el Seminario sobre El Hombre de los lobos.

Toma de posición ética en el dispositivo analítico para posibilitar un camino hacia un nuevo arreglo con la vida. Un arreglo que no se pronuncia en la vía de la metáfora pero que sí introduce el deseo vivo, la libidinización del cuerpo, y el amor en su expresión más activa. El camino que se traza consiste en equivocar el "no-sé" constante en las respuestas de la joven frente a cualquier pregunta con el "Nose" que introduce la analista para hacerle saber que puede ser nombrada y que lo será. "¿Será que te pongo Nose, no sé?". Sera que … será que te nombro, enunciación… Será que se puede introducir en ese silencio de la pulsión de muerte ¾ a través de una presencia que recuerda a lo que Laurent nombraba como hacer presente¾, un más de vida, una función que, en lo contemporáneo, hace valer nuestro instrumento, la transferencia, que adquiere toda la potencia de su actualidad. Hacer valer la transferencia porque el amor permite ocupar un lugar. Un acto, en el caso, nos ilumina al respecto: la joven se encuentra caída en el piso del estacionamiento de la analista, la madre la deja y se aparta de ella según su costumbre. La analista interviene y dice: "ese no es tu lugar", la levanta y la invita a ocupar su sitio.

Se conmueve con ello la fijeza del cuerpo de hierro y se abre a la liviandad de la risa. Actos de amor que tocan lo real del cuerpo en sus caídas brutales permitiendo que la joven se levante y comience a considerar la entrada en un mundo femenino. La posibilidad de una nueva forma de anudar su cuerpo, en un destino que la nombra como discípula de un Dios.

A partir del trabajo minucioso y dulce de la analista, la muchacha consigue interesarse por el lazo social, compone su arreglo personal, se encuentra con un joven que despierta su interés erótico y elige un grupo de pertenencia religioso luego de asistir a un retiro espiritual. Estudia una carrera que pondrá al servicio del mismo grupo religioso.

Una solución por la vía de la secta donde una creencia consigue que algo funcione para esta joven. Dejar atrás el pasado y convertirse en "una sierva del Señor": "Quien recibe al señor no necesita nada", concluye. Un padre idealizado que le permite afirmar "soy libre del pasado". Al mismo tiempo, encontramos un tratamiento de la voz obscena que profería" eres mala", aligerada ahora por la sentencia "mereces vivir". Límites que operan frenando las laceraciones del cuerpo y que a su vez detienen el goce ilimitado, ubicado hasta entonces en lo real de un cuerpo maltratado.

Paradoja, decíamos al principio de este trabajo, un invento que la muchacha lleva a cabo realizando una identificación poderosa. Como nos recuerda Alejandra Eidelberg en su texto, "El orden y el cuerpo en la era de hierro", son cuerpos de hierro que consiguen sostenerse en una insondable decisión, promoviendo una identificación poderosa como suplencia de una forclusión radical. Una estabilización a partir de un orden de hierro que la adolescente encuentra en las insignias que la religión le proporciona, como un camino donde se incluye un cierto estilo un poco más amoroso.

Nuestra orientación se hace un lugar en el lazo social cursando la invitación: "ustedes pueden ser parte de ese programa de investigación", como recuerda E. Laurent. Es interesante pensar que proponer al parletre formar parte de un programa de investigación es ofrecer una oportunidad para construir soluciones singulares. Encuentro una potencia exquisita en esa invitación que consigue desdeñar las voces que encantan e imantan de sugestión una época colmada de mandatos para adquirir la idea de un para todos completo y feliz. Hacerse un lugar en el cual las invenciones que se obtengan en el dispositivo analítico se usen para posibilitar una nueva forma de satisfacción. Sin olvidar que la dirección de la cura, al hacer intervenir un discurso que pone de relieve lo imposible, busca evitar el delirio como tal.

Quisiera subrayar un punto en nuestra reflexión sobre la época: el amor toca lo real de cuerpo. Como propone L. Gorostiza en su texto para Papers #5: "[Es] la emergencia del amor como velo e índice de la imposibilidad". Se trata de descomponer de ese modo el programa o proyecto de un síntoma normado por la religiosidad del sentido en coalescencia con cierta pasión por el déficit. Ahora siento cólera contra los acusadores y los consoladores, decía el poeta Martín Adán.