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La clínica del control y sus efectos: Deseo del analista y deseo de escuela
Sandra Patricia Rebellón Ruiz [1]

Al recibir la invitación a participar de esta 6a escansión de la conversación permanente, una pregunta asoma: ¿Qué efectos de la Clínica del Control en mi formación? ¿Cómo consuenan clínica del control con la política de la Escuela? Tres elementos me orientan para ir bordeando una posible respuesta; posible en tanto podrá seguir en elaboración gracias al encuentro con otros, ustedes, pues la Escuela la mantenemos viva en el encuentro y la contingencia.

 

Un nuevo lugar al control

Herederos de la des-regulación que Lacan introdujo en su Acto de Fundación sobre la práctica del control tal y como se venía realizando en la IPA, desligándola de toda estandarización, Lacan le imprime un sello vivo, otorgándole a esta práctica otra dimensión: transforma la obligatoriedad en un espacio para que el deseo emerja. Un deseo que se despeja desde dos lugares: desde el análisis personal que produce el pasaje de analizante a analista, siempre uno por uno, y el deseo que circula en la práctica analítica y da cuenta del acto del analista. Me detengo en este último.

En los inicios de mi práctica, la solicitud de control se acompañó por un querer saber más allá de lo que la técnica analítica pudiera indicarme –hoy puedo leerlo–, que se dirigía a otro lugar. Evoco la metáfora que trae Lacan en el seminario 10, cuando compara los dispositivos del análisis y el control en tanto que: “lo que se aportaría sería aquello que ustedes saben, y yo intervendría tan solo para aportar algo análogo a la interpretación, o sea, aquella adición mediante la cual surge algo que da sentido a lo que creen ustedes saber y hace surgir en un relámpago lo que es posible captar más allá de los límites del saber”.[2] ¿Qué es eso que se capta más allá de los límites del saber? El saber del inconciente, saber que no es universalizable y remite a la relación entre el analizante y su propia pulsión, y a los arreglos que va haciendo con ella. Un saber que se articula con un deseo y que se constituye en motor para la puesta en acto de este. Orientarme primero hacia la sede y luego hacia la Escuela fue uno de los saldos más importantes que ese relámpago alumbró en mi camino, lo cual me permitió anudar análisis, práctica y control, los cuales en un inicio de este camino analítico venían desarticulados con relacion a la Escuela, en tanto mi análisis y control se realizaban por fuera de ella.

La Escuela como quinto concepto fundamental, tal como lo menciona Miller, se me ha ido revelando, pues me ha permitido ir habitando de diferentes modos, y de acuerdo al momento de mi formación, una experiencia de Escuela que anuda la epistémia, la clínica y la política a través de los diferentes epacios que ofrece como el cartel, los testimonios de pase, las noches de Escuela, el control, la conversación permanente, entre otros, siempre en una apuesta viva por una transmisión y enseñanza del psicoanálisis de orientación Lacaniana, respetando la radical singularidad y lo imposible de decir, el real que aloja.

 

La práctica analítica.

Autorizarse de sí mismo pareciera a simple vista una fórmula sencilla.Sin embargo, esta autorización que no viene del Otro, no es sin los otros y aportando pruebas de ello. Lacan en su Acto de Fundación es muy explícito en esto.

¿Y qué se entiende por dar pruebas de su acto? No será una respuesta desde la imposición o el imperativo superyoíco. Lo traduzco en una torsión: se dan pruebas pero demandando, dirigiéndose a la Escuela como un Otro que aloja y descompleta, en la medida en que no da garantías ni estandariza; por el contrario, mantiene abierta la pregunta sobre qué es un analista, causando al trabajo bajo una transferencia con el psicoanálisis y con la Escuela misma. Tomarse la palabra en cada uno de los espacios que he ido descubriendo y habitando en la Escuela, ha sido la forma de ponerme al trabajo decidido, ha sido mi manera de dar pruebas en acto del deseo que acompaña esta experiencia analítica: demandar el análisis, demandar el control y demandar el ingreso a la sede se anudan a esta vertiente, para captar más allá del limite del saber, en esa otra escena, lo que del deseo del analista se hace oír bajo un tiempo no cronológico sino lógico. “Un psicoanalista se define a sí mismo como partenaire en su práctica, es decir, cómo juega él la partida analítica”,[3] y esto lo descubre en su análisis, conservando el estilo propio, el arreglo sinthomatico que cada uno arma con esa particular y singular relación al goce.

 

Política de la Escuela

Bassols, en su texto “Una política del síntoma”, retoma la afirmación de Lacan "el síntoma instituye el orden en el que se reconoce nuestra política”,[4]y cuyo efecto se materializa en la consolidación del pase en la Escuela. A lo que agregaría el dispositivo del control, en la medida en que ambos, control y pase, comparten como experiencia que son demandadas a la Escuela, dispositivos que permiten hacer avanzar la clínica y el saber del psicoanálisis. Las coyunturas de cada época ponen de manifiesto la subjetividad en juego. Estar a la altura no sólo de la época sino del discurso imperante, del amo y sus transiciones, pero para subvertirlo, para mantener y sostener no sólo la vigencia del psicoanálisis, sino su perdurabilidad, evocando el saldo que me ha dejado las conversaciones en las Noches de Garantía.

Para cerrar, agrego una frase de Miller del curso el Ser y el Uno: “Lo que se enseña en las supervisiones, no es esencialmente el arte del diagnóstico, aun cuando allí resida para el debutante su preocupación; pero lo que uno procura esencialmente pasarle es el método para que su palabra adquiera potencia, que pueda ser creacionista. Es preciso que la palabra sea escasa para que tenga alcance”.[5]

NOTAS

  1. Psicoanalista Asociada a la Sede Nel Cali en Colombia.
  2. Lacan. J., El Seminario, libro 10, La angustia. Paidós, Buenos Aires, p. 263.
  3. Miller, J.-A, Causa y Consentimiento, Paidos, Buenos Aires. Clase XVI “Los padres en la dirección de la Cura”.
  4. Bassols, M., “Una política del síntoma”. http://psicoanalisislacaniano.blogspot.com/2007/09/una-poltica-del-sntoma-llevar-al-sujeto.html
  5. Miller, J.-A. El Ser y el Uno. Curso de la orientación lacaniana. Clase del 11 de mayo 2011, inédito.