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La experiencia del AME
Mónica Pelliza - AME

Agradezco especialmente a Clara María por esta invitación para participar en la Segunda Noche de Garantía a fin de conversar sobre “las incidencias y efectos de formación de mi designación como AME, en la escuela y en particular en la Delegación Cochabamba”

La nominación como AME me llegó de manera sorpresiva, no la esperaba. Desde el año 1988 apostaba a que desde Bolivia nos pudiéramos articular al movimiento lacaniano, y como efecto de esta decisión armamos con J.A. Miller y el apoyo de la EOL, el Grupo de Estudios Freudianos en la ciudad de Cochabamba. Desde esta época ya transitaba la vida enlazada al psicoanálisis. En el año 2002 entramos a formar parte de la AMP y de la Nueva Escuela Lacaniana como Delegación Cochabamba, y en aquella oportunidad Miller me nominó miembro de la AMP y de la NEL. Este lazo con el psicoanálisis y sus instituciones es para mi, un romance de por vida: es muy difícil imaginarme una vida sin el psicoanálisis. Con mi propio estilo pude articular al psicoanálisis y la vida.

Al ser nominada AME (2013) , asumo esta sigla con mucha responsabilidad y, con un cierto grado de humor al tratar de interpretar- descifrar- la cifra irónica que atraviesa a esta designación. No tenía idea de lo que significaba AME, luego me di cuenta que nadie sabía. El único criterio que propuso Lacan fue el de tener un cierto “sentido común”. El AME es la segunda forma de garantía junto al pase. La Escuela garantiza no al analista, sino que su formación responde a los principios de la Escuela.

En la Proposición…Lacan habla de dos momentos del empalme que llama psicoanálisis en extensión, en la cual la Escuela presentifica el psicoanálisis en el mundo, se trata de la cara social; y por otra parte, el psicoanálisis en intensión, que se ocupa de la función de formación de analistas, cuyo terminación es el paso del psicoanalizante al de psicoanalista. Tanto intensión como extensión se sitúan en una relación topológica. El AME queda enlazado a esta relación topológica.

Me parece interesante retomar lo que plantea Lacan en el sentido de que la Escuela distribuye una enseñanza, e instaura entre sus miembros una comunidad de experiencia: AME, Pasador y AE. El AME es designado por la Escuela porque ha dado “pruebas” de una formación suficiente como psicoanalista. A esto se suma que estas pruebas deberían ser leídas en la perspectiva del psicoanálisis puro y el pase. Estos últimos puntos llevan a considerar la condición analizante y el control de su práctica del AME. (1)

Es decir que la Escuela da garantía de una formación suficiente; el título de AME es otorgado cuando el analista ya ha funcionado como tal, dando cuenta de una práctica sostenida y una apuesta decidida con relación al discurso psicoanalítico. Miller comenta con relación a la formación del analista que no es posible dar cuenta a priori de esta nominación. La pregunta acerca de ¿Qué es un analista?, anima la vida de una Escuela. Una aproximación a la respuesta sólo se puede ceñir vez por vez, a través de los testimonios del pase. Otro acercamiento posible puede ser aprehendida a través de la función política y clínica de los AME.

La Escuela garantiza que el analista que se autoriza a sí mismo ha surgido de su formación. Graciela Brodsky se interroga ¿donde encontrar a este analista que da pruebas del nudo entre formación que la Escuela dispensa y su práctica como analista? Es en el marco del control donde el acto analítico se pone a prueba. Tanto la práctica como la formación se verifican en el dispositivo del control. Particularmente he descubierto que acudo a control cuando irrumpe algo que me angustia. ¿Por qué un AME sigue controlando? Para seguir explorando la lógica del caso y poder conversar sobre los lapsus e impasses propios de la subjetividad puesta en juego en la escucha del analista. (2)

También la presentación de casos ofrece un marco para conocer algo de la escucha del analista. Como entiendo a E. Laurent, la construcción de un caso no debe entrar en un molde, sino dar cuenta de una sutil diferencia que marca su particularidad. Así mismo, hace muchos años que oficio de supervisora de la práctica de otros y de la presentación de casos.

Es decir que podemos situar y poner en el centro de la discusión el deseo del analista y la cuestión de la práctica según los dispositivos de control, enseñanza, trabajos escritos etc.

Con relación al psicoanálisis en intensión, asumo la responsabilidad de aportar y de orientar en los ejes que fundamentan la formación: el propio análisis, el control de la clínica y la investigación epistémica. En primera instancia me asumo a mi misma en permanente formación, colocada en posición analizante, si bien he llegado al fin de mi análisis. Desde el lugar analizante puedo reflexionar y aportar sobre la teoría, y sobre la formación de analista.

Con relación al psicoanálisis en extensión, creo estar advertida de la importancia de ejercer una función en la NEL, y particularmente en la Delegación Cochabamba. Desde el lugar de docente universitaria, durante cuarenta años he contribuido a que el discurso analítico –de orientación lacaniana- logre destacarse con relación a otras líneas teóricas y prácticas. El psicoanálisis tiene un lugar de respeto, tanto en la clínica como en la teoría.

Tal vez la seriedad dada por la formación en la práctica clínica es el rasgo particular que nos caracteriza en el imaginario social. “Si requieres de un clínico, busca a un psicoanalista”. Por otra parte, es claro que a partir de los programas universitarios los psicoanalistas, los miembros en nuestra ocupación docente, tenemos acceso a través de los estudiantes a distintos estratos sociales: estamos inmersos en centros de salud, colegios y cárceles. Es desde una posición política: establecer el discurso psicoanalítico en la ciudad, que he contribuido a la creación de estos planes con los estudiantes. La práctica se realiza en el marco de la entrevista y la escucha.

Por otra parte considero que el criterio de un AME es fundamental en la orientación para la consolidación de nuevos grupos de personas que dan pasos hacia el psicoanálisis de orientación lacaniana. Es importante crear nuevos puntos de encuentro para el psicoanálisis.

La orientación de la formación es una política de la formación del analista, orientada por lo real, lo contingente, que compromete la trasmisión, el control y el lazo con la Escuela. Por ejemplo, en las delegaciones de la NEL, en distintos puntos de Bolivia, las AME y los miembros, han tenido y tienen una función de invención a fin de tender lazos transferenciales hacia la Escuela Una y del Pase, apostando a la formación en intensión de analistas, así como al posicionamiento del discurso psicoanalítico en las ciudades. Esta función se realiza consintiendo a los significantes amos de la Escuela. Accedo a participar como interlocutora en espacios públicos de la ciudad. Intento mantener una escucha y una conversación permanente al interior de la ciudad, a contra pelo del sentido y sus contradicciones, a fin de que se abran preguntas que permitan construir poco a poco soluciones singulares frente a lo real. (hacer algo distinto con lo que hay)