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Reflexiones sobre: ¿Qué garantía, para qué y para quién?
María Elena Lora, AME

Lacan, con la Proposición y el dispositivo del pase, apunta a demostrar que la experiencia analítica no compete a lo inefable, sino que intenta dar a los resultados de su praxis un estatuto distinto, en el sentido de una elaboración de saber transmisible y, sobretodo, una interrogación sobre lo que es un analista y su producción. La Escuela de Lacan supone que no hay el concepto del analista, lo que deja elucidar que el analista se produce una y otra vez en razón a su acto y a las consecuencias de éste.

Desde este ángulo la experiencia analítica como singular y la experiencia de Escuela como inaugural se anudan. Con Lacan, la Escuela se erige en el espacio donde puede realizarse una experiencia de trabajo con el fin de verificar, vía el pase, no para qué un análisis le sirvió a un analizante, sino qué sirvió para producir un psicoanalista; de esta manera el pase se instituye en un procedimiento de garantía que funciona en la Escuela.

Una de las formas de la garantía que dispensa la Escuela la constituye la designación de AME, cifra irónica, que sin solicitarla se recibe de la Escuela. Un AME es nombrado cuando ya funciona de hecho como tal; su designación se inscribe más en el orden de una anunciación por sorpresa, en el reconocimiento de una transmisión en curso del deseo del psicoanalista y al ocupar un lugar notable en el campo social.

Epistémicamente, respecto a un AME, dice Lacan: “que la Escuela garantice que un psicoanalista surge de su formación”. Ante esta propuesta fundamental se torna esencial que un AME debe estar advertido acerca del buen uso del estatuto de semblante, pues no existe otra referencia real sobre la cual fundarse. Esto supone suscitar tranferencia hacia el psicoanálisis, interrogarse sobre la relación con el saber, velar el control de la práctica y colaborar en la elaboración del saber en la Escuela, que opera como un éxtimo, en tanto, éste orienta la política lacaniana. Asimismo, la orientación politica implica un AME portador de una enunciación deseante en la transmisión del psicoanálisis, desde los momentos de impasses y tropiezos, para que este último no se diluya en lo homogéneo y lo anodino, siendo más bien un medio para interrogar y efectuar la presencia del discurso analítico en los pliegues del ámbito social.

Dada la naturaleza del psicoanálisis y la posición del AME en la Escuela, un punto crucial es dar cuenta de los efectos de su clínica, en cuanto tiene la responsabilidad de designar pasadores los que pueden ser nombrados entre cualquiera de sus analizantes, se trata de instalar el pase como causa que toda cura supone, vale decir, el pase está en el horizonte de cada tratamiento, solo así se asegura la existencia de un vínculo entre garantía y pase.

La designación de pasadores es una responsabilidad analítica y una de las tareas del AME, para el dispositivo del pase, concibiéndose a los pasadores como aquellos a quienes se puede confiar la demanda de devenir analista de Escuela. El pasador tiene la condición de poder escuchar ese viraje singular, ese paso que condujo al pasante a la posición de analista, en tanto él mismo está ubicado un paso previo al final de su experiencia analítica. Es en este sentido que Lacan afirma “El pasador es el pase”. Entonces el pasador es aquel analizante designado a esta función por su analista; designar un pasador es una intervención del analista, es una interpretación. Así, un pasador, se va a encontrar sólo con lo que su análisis le ha proporcionado para llegar hasta allí. Su analista considera que puede escuchar a un pasante más allá de su subjetividad, que ya no está inmerso en su fantasma, que en su análisis haya extraído el deseo de analista, a través de entrever lo que representa “ser un desperdicio” y, por lo tanto, sensible a poder acoger el testimonio desde la frescura de su propio momento. Se trata de ser esa página en blanco donde inscribir el testimonio del pasante, se espera la transmisión de una experiencia de análisis, lo encontrado en su análisis y lo que de transmisible pudo hallar para hacer de eso una experiencia, que lo lleve al cartel del pase. En otros términos, el AME está ligado al pasador y al participar del dispositivo del pase anuda el AP, el AME y el pase, por ello ocupa un puesto pivote, en tanto decide y efectua desde la ironía del no-saber una función fundamental de nombrar a los pasadores; también puede ser uno de los miembros del cartel del pase. Por otra parte, un AME es en la Escuela con quien nos las arreglamos hasta que haya la producción de AE´s.

El AME soporta parte de la estructura del dispositivo del pase y, como señala Miller, la elección de los pasadores es crucial en virtud a que éstos tienen la función del bien decir cuando transmiten al cartel del pase. Para concluir, apelaré a una invitación de Miller: “Tenemos ahora y aquí (…) en el interior de la Escuela el trabajo (…) que apunta a incluir la diversidad de los finales de análisis a la luz de la última versión de la clínica lacaniana”, como un sesgo necesario para pensar la cuestión de la garantía.

Octubre 8, 2020

BIBLIOGRAFÍA

  • Lacan, J. “Sobre la experiencia del pase”. Lettres de l´Ecole freudienne, Nº 15.
  • Lacan, J. “Proposición del 9 de octubre de 1967”. Otros Escritos. Ed. Paidós
  • Lacan, J. “Momento cruciales de la experiencia psicoanlítica”. Ed. Manantial
  • Miller, J.A. “Cuestión de Escuela: Acerca de la garantía”. www.psicoanalisisinedito.com
  • Miller, J.A. “La escuela de Lacan”. www.wapol.org
  • Miller, J.A. “¿Es pase?”. Lacaniana Nº 12. Ed. Grama
  • Miller, J.A. “Teoría de Turín”. www.wapol.org
  • Alberti, C. “La garantía, ¿para quién, para qué?. Lacaniana Nº 27. Ed. Grama